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miércoles, marzo 4

Reseña #36: From a Buick 8: Un coche perverso (Stephen King)




From a Buick 8: Un coche perverso 
Autor: Stephen King
Publicación: 2002 || Idioma: Español || Páginas: 356.             Género:  Horror. Ficción.           Autoconclusivo 

"Un simple cobertizo en un destacamento policial perdido en una pequeña localidad de Pennsylvania puede ser suficiente para albergar una terrible puerta entre mundos, y ésta puede tener la forma de un lujoso Buick 8 Roadmaster de los 50. Mientras el origen del auto, su significado y los monstruos que salen de él llevan a los policías a la obsesión, los lectores ahondaremos en el alma de aquellos que conviven con el misterioso vehículo. ".



Stephen Edwin King (Portland, Maine, 21 de septiembre de 1947) es un escritor estadounidense conocido por sus novelas de terror. Los libros de King han estado muy a menudo en las listas de superventas. En 2003 recibió el National Book Award. Es conocido mundialmente por haber sido el autor de novelas como Carrie, El resplandor, It, Cementerio de animales, Misery, El misterio de Salem's Lot, entre muchas otras. Padre del escritor Joe Hill y esposo de la escritora y activista Tabitha Spruce..

Esta reseña no contiene spoilers, y de hacerlo son debidamente avisados


El terror, el drama y el suspenso deben ser de los géneros que más tiempo me han gustado en cuanto a libros. Por eso, desde pequeña que las novelas policiacas, los asesinatos o los misterios sin resolver me llaman la atención. Y cómo no querer leer a Stephen King cuando se tiene la oportunidad, quien para muchos es, el rey del misterio.

From a Buick 8 es un relato que habla acerca del poder sobrenatural de un auto, específicamente de un Buick Roadmaster azul oscuro modelo 1954. La historia se sitúa en Statler, Pennsylvania una ciudad ficticia en que trabaja un grupo de troopers (policias) que relatarán por turnos, entre pasado y presente, los diferentes hechos que ocurren entre 1979 a 2001 en su cuartel. Todo comienza con el trooper Sandy, cuando explica que Ned Wilcox, el hijo del fallecido Curt Wilcox (muerto por perseguir a un ebrio de la ciudad) comienza a rondar el cuartel de Troop D poco después del entierro de su padre.

El chico, que por ese tiempo aún estaba en secundaria, aprende rápidamente el trabajo de comunicaciones gracias a la trooper Shirley, y al resto de compañeros no parece importarles demasiado que Ned ayude en el cuartel. Un día, Ned baja al cobertizo B y ve un auto tapado con una lona ¡Nada más y nada menos que un Buick! pero al ponerse a limpiarlo, la lona cae como con vida propia y el auto aparece de forma que a Ned le pareció que estuviera saludando. Luego de contarle el incidente a Sandy, éste junto a un grupo de sus colegas decide contarle la verdad acerca del misterioso auto escondido en el cobertizo.  
Era una cosa demasiado rara, demasiado ajena no solo a nuestra experiencia, sino a nuestro marco común de referencia ¿Era humanoide? Un poco. A menos nosotros lo percibimos así. ¿Era humano? En absoluto, no te lo creas. ¿Era inteligente, consciente? No se puede saber del todo, pero si, yo creo que lo más probable es que si. 
Como nota personal, hace mucho que no me tocaba leer un libro con varios puntos de vista en un relato, en general siempre son máximo 2. Pero en From a Buick 8, aún cuando toma claro protagonismo el sargento Sandy, tenemos puntos de vista de cada uno de los troopers que se animan a contarle la verdad a Ned, es decir: Sandy Dearborn, Arky Arkanian, Phil, Shirley, Eddie Jacubois y Huddie.  Mezclando sus pensamientos en el presente con un relato de "entonces", en tanto que volvían a un suceso antiguo.

Ned, aún cuando es la razón por la que toda la historia empieza, no es más el chispero para hablar de lo que realmente le compete al libro: El Buick. El auto es descrito como un ser viviente, y aún cuando nadie hablase directamente del tema, todos en el cuartel parecen temerle desde el día que accidentalmente cae en manos de estos policias. La razón son los sucesos a su alrededor que comienzan como pequeñas anormalidades: bajadas de temperatura, chispas, zumbidos, un par de animales desaparecidos... hasta el día que uno de sus troopers desaparece, es en ese momento cuando se dan cuenta que sus sospechas sobre el auto parecen ser verdad y que están conviviendo con un enemigo.   
Entonces pensé... es una locura, pero pensé: ¿Y si el Buick solo es otra versión de lo que llevo puesto yo en la cara? ¿Y si solo es una mascarilla Puff-Pak? ¿ Y si la cosa que lo lleva a respirado hacia fuera, y ahora se le ha parado el pecho pero dentro de uno o dos segundos...? 
El libro al ser contado por policías, tiene un montón de comentarios acerca de este trabajo: códigos poliaciacos, rutinas y vivencias con las que aprenden a subsistir en su propio mundo. Hay además varias muletillas como ¡tío! ¡joder! ¡repelús! que repiten todos en más de una ocasión, pero que en realidad no molestan tanto. El ritmo si me molestó porque me pareció demasiado lento y eso me mató bastante el suspenso de la trama, no fui capaz de temerle al Buick o siquiera compartir realmente con la historia hasta pasados los 2/3 del libro (que es bastante si lo piensan), como si fuera capaz de atraerme cada ciertos momentos y luego definitivamente no. 
Se trataba de otra expresión coloquial característica (que yo sepa) de nuestro cuartel. Un kubrik es un 2001, y 2001 es código de <prisionero escapado>. Yo lo había oído mencionar, pero transmitir la verdad es que no. 
Lo que más me gustó de este libro fue el ambiente policiaco, de camaradería y compañerismo que se ve en cada situación doméstica o paranormal que tienen que vivir los troopers en todos esos años conviviendo con el Buick. Como si al final el mismo creador de sus miedos los hubiese unido de tal forma que parecían una familia contádonle su pequeño por qué uno de los suyos ya no está más con ellos. Además, el final estuvo bastante bueno, fue in crescendo radicalmente justo en el momento en que parecía tirar la toalla con este libro, asi que bien ahí.




Lo que no me gustó fue lo que mencioné acerca del ritmo, realmente no me pareció que lograra conectar con las casi 400 hojas del libro, sino que más bien me enganchó por partes y al final, que no es suficiente como para querer leerlo de nuevo. Además, el hecho que fuese enfocado a un auto, resultó en varias descripciones sobre el interior, el mantenimiento y el funcionamiento de los carros en los que realmente no entendí nada, asi que podría venir con la advertencia de que hay que leerlo con un manual de mecánica automotriz al lado.

"En resumen, un libro que no parece de lo mejor que ha escrito Stephen King, sin embargo, la trama fue paulatinamente mejorando hasta alcanzar todo el suspenso y el thriller que estuve esperando desde un comienzo, con un ambiente policiaco interesante y un final que le otorgó la mayoría de los puntos a la obra"

Trama: 1/2   Personajes:1'5/2    Final: 1/1

sábado, febrero 28

Reseña #35: Hijo de Ladrón (Manuel Rojas)




Hijo de Ladrón 
Autor: Manuel Rojas
Publicación: 1973 (1998) || Idioma: Español Páginas: 314. || Género:  Horror. Clásico. Drama.   Autoconclusivo.
"La historia sigue la vida de Aniceto Hevia, un hijo de ladrón. Y es esta última razón el origen de todas sus desventuras. Marcado por la pobreza y la estigmatización social, Aniceto debe continuar y superar las adversidades que le depara la vida. El protagonista va descubriendo su propio camino, a la vez que se topa con distintos personajes que influyen en su mirar hacia el futuro y la concepción que posee hacia la vida. La característica esencial de la novela es el orden en que se suponen narrados los acontecimientos: no hay orden existente; es más, en el transcurso del relato se van superponiendo distintas voces, diversos personajes, años e historias. Esto conlleva a perder el hilo de los hechos si no se está concentrado, y  es, quizás, la única dificultad a la hora de leer el libro. Altamente recomendada, Hijo de ladrón se inmiscuye con perfecta armonía en la marginalidad y cotidianidad de las clases bajas. ".



Manuel Rojas Sepúlveda (Buenos Aires, Argentina, 8 de enero de 1896 - Santiago, Chile, 11 de marzo de 1973) fue un escritor chileno, autor de más de una veintena de libros, que abarcaron cuentos, novelas, poemarios y ensayos. En 1957 fue reconocido con el Premio Nacional de Literatura. Algunas de sus obras han sido llevadas a la pantalla grande: el cuento Un ladrón y su mujer, fue adaptado al cine con el mismo nombre por el director Rodrigo Sepúlveda. Estrenada en 2001, la película está protagonizada por Ramón Llao y Amparo Noguera. En 2013 el director Pablo Vial estrenó el mediometraje Cuando se espera el sueño en el Santiago Festival Internacional de Cine, inspirado en el cuento Pancho Rojas.

Esta opinión no contiene spoilers, y de tenerlos, son debidamente avisados. 


Si hay tiempo para leer, entonces es necesario, por un poco de cultura, proponerse conocer un poco de las obras hechas por los autores nacionales. Es por esta razón que este mes, y gracias a que una amiga me prestó su libro, que me decidí a leer una de las novelas del chileno Manuel Rojas. 

Para que sepan un poco, Manuel Rojas, si bien nació en Buenos Aires, se instaló en Chile desde joven, adoptando la nacionalidad de sus padres (chilena). Fue un autodidacta más bien pobre y ejerció en su juventud una gran cantidad de oficios: anotador de teatro, pintor, vendedor y profesor que se condice además con una vida errabunda, la misma que lo llevó a recorrer varios países de América, Europa y Asia; una experiencia que finalmente terminarían por reflejarse en sus obras: El delincuente, Hijo de Ladrón, Mejor que el vino, Sombras contra el muro, entre otras.

"La miseria y el hambre no tienen olfato, más aún, el olfato estorba al hambriento. ".
La trama de esta novela inicia cuando Aniceto Hevia sale de la cárcel, después de permanecer en ella un tiempo, luego de ser acusado de aprovechar los disturbios generados durante unas protestas para robar una joyería (cosa que en realidad no es cierta). Luego que lo dejan en libertad, su suerte no parece mejorar, dentro de la cárcel contrajo pulmonía y no tiene nada más que la ropa sucia y descolorida que lleva encima. De ahí en adelante, Aniceto comienza a contarnos trozos de su vida, de su presente, uno en el que conoce a Cristián y el Filósofo, con los cuales aprende a recoger metal en las arenas de la playa. De su pasado, hijo de una familia numerosa, caracterizada por sus continuos desplazamientos de una ciudad a otra; con un padre, de oficio ladrón, serio y amigable, y una madre cariñosa y cómplice de su marido. Y finalmente, del pasado de todos los demás personajes que de una forma u otra, viven - y sobreviven - alrededor de Aniceto, una suerte de micro-tramas que nacen y mueren cientos de veces a lo largo de sus páginas y que obligan al lector a permanecer en constante vigilia.

"En unas horas, en menos de un día, la casa era otra y otros éramos nosotros; otro también, con seguridad, nuestro padre. Todo cambiaba y todo cambia terriblemente. Lo sentíamos en nuestra inmovilidad. Debería pasar días, meses quizá, antes de que pudiéramos- si es que podíamos - recuperar el movimiento".
El personaje principal en este libro es el único del que me atrevo a hablar con algo de propiedad, ya que la cantidad de personajes que son descritos, en mayor y menor forma, es muy superior a la que estamos acostumbrados en los libros más juveniles y sería imposible para mi (y enredoso para ustedes) que yo intentara agregarlos en esta parte. Aniceto Hevia es un Argentino hijo de ladrón: 'El Gallego' le llaman sus compañeros, y a diferencia de lo que pasaba en otras familias igual de pobres que la suya, su padre no era una mala persona, no era alcohólico o pegaba a su mujer, pero su oficio deshonroso lo obligaba a pasar grandes temporadas fuera de su casa. Por esta razón, era su madre la que mantenía el orden en la casa, le daba de comer y él y sus hermanos y procuraba que nunca les faltara nada y fue la misma razón la que lo obligó a partir a otras tierra cuando ella muriera trágicamente y dejara a la familia desamparada: La pérdida de una madre, no importa del lugar que sea, siempre será el mayor golpe para una familia.

La personalidad de Aniceto es la de un viejo. Aún siendo joven en edad, son los constantes vaivenes de la vida los que han calado hondo en su alma y lo han transformado en un tipo introvertido, tímido ante el sexo opuesto e incluso sus mismos compañeros de oficio y en el mejor de los cuentistas y filósofos.

Sus continuos viajes por Mendoza, Valparaíso o Buenos Aires, lo llevan a conocer el modo como se vive en algunos de los lugares más precarios impuestos por el hombre: las cárceles, los conventillos de paso, las playas atestadas de vagabundos, en las casas de ladrones y proscritos. Es posiblemente, la naturalidad con que Aniceto pone sobre la mesa temas como la pobreza, el inconformismo popular, la burocracia y la dureza de la vida en prisión, que lo hacen un libro tan moralmente desgarrador e inolvidable, como si de pronto, ya no estuvieses leyendo un libro, sino que comiendo un poco de pan y tomando un mate al lado de la estufa una tarde de domingo, escuchando a tu abuelo contar sus historias de cruda juventud.

"Ahora se me ocurre que en aquel tiempo vivíamos allí, en relación con el tiempo, como en compañía de un león, al que estuviéramos acostumbrado a ver, pero al que teníamos siempre, de día y de noche, sobre todo de noche, cuando, en la oscuridad, no se le podía ver y él no podía ver a nadie".
La narrativa marca un cambio para Chile en la literatura de esos años. El desenfado y la libertad con que Rojas narra es sumamente extraña para la época, cambiando las historias rurales por las de personajes viviendo la crudeza del sector urbano-no-burgués. Es por todo esto - y algunas cosas que dejo en el tintero - que Hijo de ladrón, aparecida en 1951, se considera la mejor de las novelas de Manuel Rojas y una de las más significativas dentro de la literatura chilena.

"En resumen, Hijo de Ladrón es la obra con que Manuel Rojas se consagró como escritor en Chile hace más de medio siglo atrás. Contando la historia de Aniceto, un pobre nómada medio argentino-medio chileno que buscará suerte por las afueras de Valparaíso, Rojas pone en evidencia un sin número de temas sociales que son finamente revelados en las diversas historias de vida de las que nos hace parte el personaje."