Mostrando entradas con la etiqueta Untitle. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Untitle. Mostrar todas las entradas

lunes, marzo 18

Untitle Capitulo 6: El Instituto.



                                                   CAPITULO VI                                                   
EL INSTITUTO

Poco tardé en llegar a casa, mis piernas parecían moverse por inercia, guiadas por una voluntad que no manejaba, quizá por miedo o quizá por otro sentimiento que aún desconocía. Mi cabeza no paraba de rememorar una y otra vez cada acontecimiento vivido, los ojos del acosador me atormentaban, su mirada, su olor, su cuerpo, hacían que mi pecho doliera de tanta preocupación. Sin embargo, lo que me tenía peor era Rose ¿Dónde se podría haber metido? ¿Se habría ido para siempre?... Acaso ¿Ya no volvería a verla nunca más?
Llegué a la entrada pero no pude avanzar más, Rossette se encontraba en la puerta de entrada, tenía una mirada algo perdida y preocupada pero al verme aparecer su rostro volvió a dibujar la sonrisa que siempre tenía para mí. Llevaba puesto un hermoso vestido elasticado que resaltaban las perfectas curvaturas de su cuerpo, no preguntó nada con respecto a mi salida, tan sólo se limitó a saludarme y pedirme que subiera al carro. Me esperaba para que nos fuéramos pronto al Instituto:
- Elena, ¿En qué piensas inscribirte? – preguntó repentinamente cuando ambas estuvimos sentadas y listas para partir.
- Mmmm… quería hablar contigo de eso,  estuve pensándolo y la verdad es que aún no sé muy bien en lo que debo inscribirme, ya sabes que nunca esperé aprender nada más allá de lo que me impartieron en el orfanato – tomé una pausa para ordenar mis ideas – pero ustedes me están dando esta oportunidad y no quiero desaprovecharla, aún así mis gustos siempre han sido tan extraños que pienso quizás no encaje en ninguna de las carreras que se impartan.
Lo que decía era sólo la verdad, la oportunidad de estudiar me llegó de un momento a otro, sin darme tiempo de pensar o meditar sobre cuál era el camino que debía seguir, era extraño que recién hablara de esto, pero desde que llegué que no se ha presentado un solo momento indicado para hablar del tema, no tenía a nadie tampoco a quien preguntarle ¿Qué diría si necesitan saber en lo que soy buena?, ¿Debería responder que pasé la mitad de mi infancia siendo poseía por extraños seres y la otra mitad intentando olvidarlo en oscuros y fríos hospitales?, hablando con la verdad no tenía grandes talentos en ningún área, me gustaba leer y escribir en mis ratos libres pero dejé de hacerlo por un tiempo cuando llegué al orfanato, quizá era porque me sentía mejor cuando me encontraba con Lu… maldita sea, lo había hecho de nuevo.   
- Elena – dijo Rossete sacándome de la hipnosis en la que de pronto sucumbí - no quiero presionarte a que estudies nada en absoluto, pero hay una carrera en la que creo puedes encajar perfectamente.
- ¿Cuál? – pregunté algo ansiosa.
- ¿No has pensado que la mejor carrera para ti sin duda es… siquiatría…?
Creo que me quedé mirándola con una cara muy extraña luego que me dijo eso porque agregó rápidamente.
- No pienses que me estoy burlando de ti mi niña, no es eso en absoluto, pero es que mira, a pesar de que no lo admitas directamente, el Sr. Knight me dijo que eras muy buena alumna, nunca reprobaste ninguno de los ramos que se impartieron, eres ordenada y aplicada, siempre estas escuchando y observando a la gente de una forma muy extraña, como si supieras de antes lo que ocultan, eres tranquila y equilibrada…
- Y estuve internada en el ala de siquiatría la mitad de mi infancia… - agregué irónicamente – Perdón por ser tan dura, pero creo que es irreal pensar que podrían dejarme estudiar una carrera como esa, es cierto en que sería increíble estudiar un tema que conozco a profundidad (en mis años de experiencia pude conocer a prácticamente todos los enfermos del ala), creo que sería asombroso poder ayudar a chicos con problemas, y entender realmente lo que les sucede, no como hicieron con… - me frené un poco, estaba hablando demasiado - pero una universidad nunca aceptaría algo así…
- Esta no es cualquier universidad, aquí puedes estudiar lo que tú quieras Elena – respondió ella.
¿Estudiar siquiatría?, hasta pensarlo parecía una locura, pero… ¿Enserio aquí era posible?
Luego de 10 minutos llegamos al lugar y, como lo suponía desde un principio, se trataba de un enorme palacete de varias hectáreas de terreno, con ese estilo gótico que caracterizaba a las casas de por aquí. Pude ver además lo poco poblado que estaba el lugar, las calles de la periferia estaban conectadas hacia las entradas de cada casa y casi no había centros comerciales o tiendas, pero al igual que dentro de la casa de Rossette, la elegancia y majestuosidad en el ambiente me hacían sentir como siempre algo insignificante, perdida dentro de uno de los cuentos que leía a Claus, más aún siendo la “huérfana adoptada por su tía” dentro de Ravenholm.
  Entré y nos dirigimos hacia la oficina del director, nada allí me resultaba siquiera semejante a lo que recordaba de una oficina, todo estaba lleno de cuadros y trofeos de metal, las paredes estaban adornadas con excéntricos objetos, pero uno en especial llamaba la atención entre los demás, la imagen de un ser que parecía ser un hombre lobo o… no, más bien era como esa otra criatura, no podía recordar su nombre, pero tenía una imagen muy nítida en mi cabeza sobre cómo era, con esos grandes colmillos y esos ojos color sangre, aunque eso no era todo, la escena también la ocupaba otro personaje, un hombre de gran sombrero con una estaca en su mano, ambos en posición defensiva asimilaban al ying y el yang de la cultura oriental, me perdí mirando aquella extraña imagen, una sensación de intranquilidad que no había sentido antes parecía alojarse en alguna parte de mente, o mi alma.
No esperamos mucho y nos hicieron pasar al despacho principal, ahí estaba él, sentado y con una gran sonrisa.
¡Cuán diferente resultó ser aquel personaje de mi antigua directora del orfanato!, amable y carismático, parecía agradarle todo lo que mi tía le contaba.
- Así es, que como le dije por teléfono, Sr. Director, Elena vino hoy a ver lo de su inscripción.
- Claro, claro, ¿Y qué quiere estudiar la señorita? – preguntó dirigiéndome una gran sonrisa.
- He… he… - no supe qué responder, a pesar de lo que me había dicho Rossette no tenía la confianza como para decir descaradamente que quería siquiatría.
- Elena quiere siquiatría… - se apresuró a responder ella.
Miré hacia otro lado con algo de vergüenza, la verdad era que no quería escuchar salir de su boca las palabras “historial clínico” e “incapacitada”, sería muy doloroso tener que pasar nuevamente por todo el problema de ”mis limitaciones” ¿Por qué no le habría dicho eso a Rossette desde un comienzo?
- Perfecto, entonces la carrera que debes escoger es medicina. Luego de eso puedes hacer la especialidad en siquiatría, no muchos estudian esa carrera por lo que sería de gran ayuda para esta ciudad.
¿Hu? ¿Acaso había escuchado bien? No, no podía ser. Lo miré para cerciorarme de que me encontraba en un error, sin embargo, ahí estaba él, con la misma sonrisa que el comienzo, firmando unos papeles que tenían por título “inscripción especial mitad de semestre”.
El resto de las cosas pasaron casi sin darme tiempo de entender lo que ocurría, llené un pequeño formulario, nada de papeles o identificaciones, sólo mi nombre, un timbre, un apretón de manos y ya estaba, era la nueva estudiante-especial-de-mitad-de-semestre.
Salimos del despacho y esperé a que mi tía terminara de hablar con la secretaria, al verme tan sorprendida creo que se alarmó un poco e intentó calmarme.
- Te dije que no habría problema Elena, aquí todos pueden ingresar, lo que tienes que probar ahora es que mereces estar en esa carrera.
- Si… - “mereces estar en esa carrera”, pensé un rato en lo que esas palabras querrían decirme…
Lo siguiente era irnos, pero nos invitaron a dar una vuelta para conocer el instituto por dentro y con Rossette acordamos en que sería buena idea para ir ambientándome al lugar. En eso se nos fue prácticamente toda la tarde ya que recorrer un lugar como ese era una tarea más que ardua, sobre todo por las conexiones y pasillos medievales que había dentro de él.
Cuando ya llevábamos un rato de paseo, una gran ventana que se encontraba en uno de los costados del pasillo dejó entre ver el extenso patio con el que contaba el recinto, además de un sector en el que se divisaba un pequeño bosque.
- ¿Qué hay ahí? – le pregunté al guía apuntando hacia el escondido pedazo de terreno.
- ¿Ese?, La verdad es que es un lugar para que los alumnos descansen, pero no es muy utilizado ya que es muy oscuro, frío y húmedo, sobre todo en esta época del año – aclaró el hombre.
- Ah, ya veo… – pero a pesar de lo que pudiera decir ya me había fascinado lo apartado y pacífico que se veía la sombra de todos aquellos grandes árboles y pensé que podría pasar mi tiempo ahí desde el primer día de clases.
- ¿Cuándo comienzo con las clases? – pregunté antes que lo olvidara.
 - La verdad es que las clases ya empezaron por lo que puedes venir a contar de mañana mismo ¿Qué te parece?
- Me parece perfecto – concluí con una sonrisa.
Realmente era perfecto. Hace tanto tiempo que no pisaba un colegio que ya estaba deseosa de aprender ¿Cómo serían mis compañeros de clases? ¿Qué clase de recibimiento tendría? No debía esperar nada en particular, claro, quizá sucedería lo de siempre, pero esta vez tenía esa ligera esperanza que antes creí perdida.
A penas terminó el recorrido nos fuimos a la casa, todo el ajetreo me habían hecho olvidar que Rose aún no daba señales de vida – qué extraña e irónica suena esa frase – pensé. Quise llegar pronto a mí cuarto para descansar un rato pero eso parecía una tarea bastante más difícil de lo que imaginé, antes de poder siquiera entrar, ya era arrastrada por Elizabeth hacia su habitación.
- ¿Qué pasa? – pregunté algo aturdida cuando estuvimos dentro.
- ¡Te dije que hoy era la fiesta! ¿Por qué te demoraste tanto en llegar?
No estaba molesta, sino impaciente, tanta era la impaciencia que me había preparado todo para que cuando llegara, sólo me preocupara de arreglarme y así salir rápido.
- Perdón, nos retrasamos un poco porque quise ver el instituto ¿Ahí estudias tu también no?
- Si, ahí sólo estudio yo porque mi hermano se las da de vago…
- ¿He? ¿Hermano? – pregunté más que sorprendida.
- ¡Elena! Deja de distraerte con tantas insignificancias, no podemos llegar tarde, ahora, ¡ve a vestirte!
Obedecí ante tanta insistencia, quizá después pudiera contarme lo del hermano, de todas formas por lo visto ni siquiera vivía aquí.
- ¿Por qué es tan importante que lleguemos rápido? – pregunté mientras me sacaba lo que llevaba puesto.
- Porque… - se sonrojó un poco al tratar de contestar – pues porque hoy llega mi futuro esposo, y quiero estar ahí cuando eso suceda.
- ¡¿Qué?! ¡¿Esposo?! – Grité saltando de la cama en la que me había acomodado - ¿Ya estas comprometida?
¿Cómo es que siendo tan joven ella ya se había comprometido en matrimonio? - Acaso no hay que esperar a… - no supe la respuesta, ¿A qué precisamente se esperaba para casarse?
- No lo digas de esa forma Elena, debido a que no nos conocemos mucho y no hemos podido conversar adecuadamente es que no sabes sobre mi relación con Nathan, pero realmente llevamos mucho juntos y era cuestión de tiempo para que pasáramos a ese nivel.
- ¿Lo amas? – pregunté antes de darme cuenta de lo impertinente que eso resultaba.
- Lo amo… lo amo con todo mi corazón, ha sido mi compañero toda la vida, me gustaría que lo conocieras y por eso… ¡necesito que te apures! – dijo con una gran y graciosa sonrisa que me hizo sonreír también.
Ah, claro, ahora entendía a esta persona un poco más que antes, sabía algo importante de la tan hermosa y perfecta prima que tenía, ¿Quién se hubiese imaginado algo así? En su boca la palabra “te amo” sonó tan pura y cálida que me pregunté si alguna vez también yo podría pronunciarlas hacia alguien especial – imposible – suspiré. Me animé después de esta pequeña pero productiva conversación y hasta pensé que sería una buena idea salir un rato a despejarme, conocería además gente nueva y podría relacionarme con ellos como alguien más normal y quizá si tenía suerte encontraría un agradable anfitrión con quién hablar.
Terminé de ponerme un poco de perfume y salí a encontrar a mi prima que había esperado afuera. Me sentía algo extraña con el vestido que ella misma había escogido para mí pero no le dije nada ya que su impaciencia en estos pocos minutos había ido en aumento y el aura asesina que brotaba de ella era lejos lo más temible que había visto en mi vida.
-¿Ya estas listas o debo seguir esperando? – dijo volteándose hacia mí, pero cuando me vio su expresión cambió totalmente – argh!, ¡Intento enojarme contigo pero justo ahora te ves tan hermosa con eso que escogí para ti que es imposible!  
- Gracias…  - respondí algo sorprendida - Aunque me siento un poco extraña, nunca había usado esta clase de vestido.
- No te preocupes, te queda perfecto, y no olvides tu antifaz.
- Ah, claro, la fiesta es con antifaz.
- ¿Divertido no?
Se apresuró a llevarme al auto que nos esperaba afuera. El chofer, serio como siempre, condujo hasta una gran residencia a unos cinco minutos de nuestra casa y nos dejó en la entrada. Elizabeth esperó a que este nos abriera y salió rápidamente hasta el camino que conducía a la puerta de entrada, desde allí comenzó a hacer señas para que la siguiera, yo intenté obedecerla, pero me fue imposible.
Mis piernas, al momento de tocar el suave césped del lugar, comenzaron un progresivo temblor con el que estuve a punto de caer; Ryan, al verme tambalear, me tomó toscamente del brazo y preguntó si me sentía bien.
- Estoy bien, gracias. – Mentí e intenté volver a tomar el control de mi cuerpo.
Me miró unos minutos, incrédulo de mis palabras, pero ante mi negativa dio un paso al lado -  vamos Elena, camina – me dije para darme seguridad. Y lo logré.


PANCHII: TAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAANTO TIEMPO SIN ESCRIBIR U.U, soy tan miserable, lo sé, pero no me permitiré dimitir ahora, "si se hace algo se hace bien", por lo menos algo aprendí de la vida y es que hay que finalizar para empezar, y yo voy a terminar mi libro, que ya tiene toda la pinta de ser de más de 100 hojas en mi word, por favor, se los ruego, SIGAN LEYENDO, no se rindan conmigo!, son mi motivación para escribir y lamento tanto la espera. 

jueves, diciembre 22

Untitle Capitulo 6 : El Instituto


                                                    CAPITULO VI                                                   

EL INSTITUTO
Poco tardé en llegar a casa, mis piernas parecían moverse por inercia, guiadas por una voluntad que no manejaba, quizá por miedo o quizá por otro sentimiento que aún desconocía. Mi cabeza no paraba de rememorar una y otra vez cada acontecimiento vivido, los ojos del acosador me atormentaban, su mirada, su olor, su cuerpo, hacían que mi pecho doliera de tanta preocupación. Sin embargo, lo que me tenía peor era Rose ¿Dónde se podría haber metido? ¿Se habría ido para siempre?... Acaso ¿Ya no volvería a verla nunca más?

Llegué a la entrada pero no pude avanzar más, Rossette se encontraba en la puerta de entrada, tenía una mirada algo perdida y preocupada pero al verme aparecer su rostro volvió a dibujar la sonrisa que siempre tenía para mí. Llevaba puesto un hermoso vestido elasticado que resaltaban las perfectas curvaturas de su cuerpo, no preguntó nada con respecto a mi salida, tan sólo se limitó a saludarme y pedirme que subiera al carro. Me esperaba para que nos fuéramos pronto al Instituto:

- Elena, ¿En qué piensas inscribirte? – preguntó repentinamente cuando ambas estuvimos sentadas y listas para partir.

- Mmmm… quería hablar contigo de eso,  estuve pensándolo y la verdad es que aún no sé muy bien en lo que debo inscribirme, ya sabes que nunca esperé aprender nada más allá de lo que me impartieron en el orfanato – tomé una pausa para ordenar mis ideas – pero ustedes me están dando esta oportunidad y no quiero desaprovecharla, aún así mis gustos siempre han sido tan extraños que pienso quizás no encaje en ninguna de las carreras que se impartan.

Lo que decía era sólo la verdad, la oportunidad de estudiar me llegó de un momento a otro, sin darme tiempo de pensar o meditar sobre cuál era el camino que debía seguir, era extraño que recién hablara de esto, pero desde que llegué que no se ha presentado un solo momento indicado para hablar del tema, no tenía a nadie tampoco a quien preguntarle ¿Qué diría si necesitan saber en lo que soy buena?, ¿Debería responder que pasé la mitad de mi infancia siendo poseía por extraños seres y la otra mitad intentando olvidarlo en oscuros y fríos hospitales?, hablando con la verdad no tenía grandes talentos en ningún área, me gustaba leer y escribir en mis ratos libres pero dejé de hacerlo por un tiempo cuando llegué al orfanato, quizá era porque me sentía mejor cuando me encontraba con Lu… maldita sea, lo había hecho de nuevo.   

- Elena – dijo Rossete sacándome de la hipnosis en la que de pronto sucumbí - no quiero presionarte a que estudies nada en absoluto, pero hay una carrera en la que creo puedes encajar perfectamente.

- ¿Cuál? – pregunté algo ansiosa.

- ¿No has pensado que la mejor carrera para ti sin duda es… siquiatría…? 

Creo que me quedé mirándola con una cara muy extraña luego que me dijo eso porque agregó rápidamente. 

- No pienses que me estoy burlando de ti mi niña, no es eso en absoluto, pero es que mira, a pesar de que no lo admitas directamente, el Sr. Knight me dijo que eras muy buena alumna, nunca reprobaste ninguno de los ramos que se impartieron, eres ordenada y aplicada, siempre estas escuchando y observando a la gente de una forma muy extraña, como si supieras de antes lo que ocultan, eres tranquila y equilibrada…

- Y estuve internada en el ala de siquiatría la mitad de mi infancia… - agregué irónicamente – Perdón por ser tan dura, pero creo que es irreal pensar que podrían dejarme estudiar una carrera como esa, es cierto en que sería increíble estudiar un tema que conozco a profundidad (en mis años de experiencia pude conocer a prácticamente todos los enfermos del ala), creo que sería asombroso poder ayudar a chicos con problemas, y entender realmente lo que les sucede, no como hicieron con… - me frené un poco, estaba hablando demasiado - pero una universidad nunca aceptaría algo así…

- Esta no es cualquier universidad, aquí puedes estudiar lo que tú quieras Elena – respondió ella.

¿Estudiar siquiatría?, hasta pensarlo parecía una locura, pero… ¿Enserio aquí era posible? 

Luego de 10 minutos llegamos al lugar y, como lo suponía desde un principio, se trataba de un enorme palacete de varias hectáreas de terreno, con ese estilo gótico que caracterizaba a las casas de por aquí. Pude ver además lo poco poblado que estaba el lugar, las calles de la periferia estaban conectadas hacia las entradas de cada casa y casi no había centros comerciales o tiendas, pero al igual que dentro de la casa de Rossette, la elegancia y majestuosidad en el ambiente me hacían sentir como siempre algo insignificante, perdida dentro de uno de los cuentos que leía a Claus, más aún siendo la “huérfana adoptada por su tía” dentro de Ravenholm.
  
Entré y nos dirigimos hacia la oficina del director, nada allí me resultaba siquiera semejante a lo que recordaba de una oficina, todo estaba lleno de cuadros y trofeos de metal, las paredes estaban adornadas con excéntricos objetos, pero uno en especial llamaba la atención entre los demás, la imagen de un ser que parecía ser un hombre lobo o… no, más bien era como esa otra criatura, no podía recordar su nombre, pero tenía una imagen muy nítida en mi cabeza sobre cómo era, con esos grandes colmillos y esos ojos color sangre, aunque eso no era todo, la escena también la ocupaba otro personaje, un hombre de gran sombrero con una estaca en su mano, ambos en posición defensiva asimilaban al ying y el yang de la cultura oriental, me perdí mirando aquella extraña imagen, una sensación de intranquilidad que no había sentido antes parecía alojarse en alguna parte de mente, o mi alma. 

No esperamos mucho y nos hicieron pasar al despacho principal, ahí estaba él, sentado y con una gran sonrisa. 

¡Cuán diferente resultó ser aquel personaje de mi antigua directora del orfanato!, amable y carismático, parecía agradarle todo lo que mi tía le contaba.

- Así es, que como le dije por teléfono, Sr. Director, Elena vino hoy a ver lo de su inscripción. 

- Claro, claro, ¿Y qué quiere estudiar la señorita? – preguntó dirigiéndome una gran sonrisa.

- He… he… - no supe qué responder, a pesar de lo que me había dicho Rossette no tenía la confianza como para decir descaradamente que quería siquiatría.

- Elena quiere siquiatría… - se apresuró a responder ella. 

Miré hacia otro lado con algo de vergüenza, la verdad era que no quería escuchar salir de su boca las palabras “historial clínico” e “incapacitada”, sería muy doloroso tener que pasar nuevamente por todo el problema de ”mis limitaciones” ¿Por qué no le habría dicho eso a Rossette desde un comienzo?

- Perfecto, entonces la carrera que debes escoger es medicina. Luego de eso puedes hacer la especialidad en siquiatría, no muchos estudian esa carrera por lo que sería de gran ayuda para esta ciudad.

¿Hu? ¿Acaso había escuchado bien? No, no podía ser. Lo miré para cerciorarme de que me encontraba en un error, sin embargo, ahí estaba él, con la misma sonrisa que el comienzo, firmando unos papeles que tenían por título “inscripción especial mitad de semestre”. 

El resto de las cosas pasaron casi sin darme tiempo de entender lo que ocurría, llené un pequeño formulario, nada de papeles o identificaciones, sólo mi nombre, un timbre, un apretón de manos y ya estaba, era la nueva estudiante-especial-de-mitad-de-semestre. 

Salimos del despacho y esperé a que mi tía terminara de hablar con la secretaria, al verme tan sorprendida creo que se alarmó un poco e intentó calmarme.

- Te dije que no habría problema Elena, aquí todos pueden ingresar, lo que tienes que probar ahora es que mereces estar en esa carrera.

- Si… - “mereces estar en esa carrera”, pensé un rato en lo que esas palabras querrían decirme…

Lo siguiente era irnos, pero nos invitaron a dar una vuelta para conocer el instituto por dentro y con Rossette acordamos en que sería buena idea para ir ambientándome al lugar. En eso se nos fue prácticamente toda la tarde ya que recorrer un lugar como ese era una tarea más que ardua, sobre todo por las conexiones y pasillos medievales que había dentro de él. 

Cuando ya llevábamos un rato de paseo, una gran ventana que se encontraba en uno de los costados del pasillo dejó entre ver el extenso patio con el que contaba el recinto, además de un sector en el que se divisaba un pequeño bosque.

- ¿Qué hay ahí? – le pregunté al guía apuntando hacia el escondido pedazo de terreno.

- ¿Ese?, La verdad es que es un lugar para que los alumnos descansen, pero no es muy utilizado ya que es muy oscuro, frío y húmedo, sobre todo en esta época del año – aclaró el hombre.

- Ah, ya veo… – pero a pesar de lo que pudiera decir ya me había fascinado lo apartado y pacífico que se veía la sombra de todos aquellos grandes árboles y pensé que podría pasar mi tiempo ahí desde el primer día de clases.

- ¿Cuándo comienzo con las clases? – pregunté antes que lo olvidara.

- La verdad es que las clases ya empezaron por lo que puedes venir a contar de mañana mismo ¿Qué te parece?

- Me parece perfecto – concluí con una sonrisa.

Realmente era perfecto. Hace tanto tiempo que no pisaba un colegio que ya estaba deseosa de aprender ¿Cómo serían mis compañeros de clases? ¿Qué clase de recibimiento tendría? No debía esperar nada en particular, claro, quizá sucedería lo de siempre, pero esta vez tenía esa ligera esperanza que antes creí perdida.

A penas terminó el recorrido nos fuimos a la casa, todo el ajetreo me habían hecho olvidar que Rose aún no daba señales de vida – qué extraña e irónica suena esa frase – pensé. Quise llegar pronto a mí cuarto para descansar un rato pero eso parecía una tarea bastante más difícil de lo que imaginé, antes de poder siquiera entrar, ya era arrastrada por Elizabeth hacia su habitación.

- ¿Qué pasa? – pregunté algo aturdida cuando estuvimos dentro.

- ¡Te dije que hoy era la fiesta! ¿Por qué te demoraste tanto en llegar?

No estaba molesta, sino impaciente, tanta era la impaciencia que me había preparado todo para que cuando llegara, sólo me preocupara de arreglarme y así salir rápido.

- Perdón, nos retrasamos un poco porque quise ver el instituto ¿Ahí estudias tu también no?

- Si, ahí sólo estudio yo porque mi hermano se las da de vago…

- ¿He? ¿Hermano? – pregunté más que sorprendida.

- ¡Elena! Deja de distraerte con tantas insignificancias, no podemos llegar tarde, ahora, ¡ve a vestirte!

Obedecí ante tanta insistencia, quizá después pudiera contarme lo del hermano, de todas formas por lo visto ni siquiera vivía aquí. 

- ¿Por qué es tan importante que lleguemos rápido? – pregunté mientras me sacaba lo que llevaba puesto.

- Porque… - se sonrojó un poco al tratar de contestar – pues porque hoy llega mi futuro esposo, y quiero estar ahí cuando eso suceda.

- ¡¿Qué?! ¡¿Esposo?! – Grité saltando de la cama en la que me había acomodado - ¿Ya estas comprometida?

¿Cómo es que siendo tan joven ella ya se había comprometido en matrimonio? - Acaso no hay que esperar a… - no supe la respuesta, ¿A qué precisamente se esperaba para casarse?

- No lo digas de esa forma Elena, debido a que no nos conocemos mucho y no hemos podido conversar adecuadamente es que no sabes sobre mi relación con Nathan, pero realmente llevamos mucho juntos y era cuestión de tiempo para que pasáramos a ese nivel.

- ¿Lo amas? – pregunté antes de darme cuenta de lo impertinente que eso resultaba.

- Lo amo… lo amo con todo mi corazón, ha sido mi compañero toda la vida, me gustaría que lo conocieras y por eso… ¡necesito que te apures! – dijo con una gran y graciosa sonrisa que me hizo sonreír también.

Ah, claro, ahora entendía a esta persona un poco más que antes, sabía algo importante de la tan hermosa y perfecta prima que tenía, ¿Quién se hubiese imaginado algo así? En su boca la palabra “te amo” sonó tan pura y cálida que me pregunté si alguna vez también yo podría pronunciarlas hacia alguien especial – imposible – suspiré. Me animé mucho después de esta pequeña pero productiva conversación y hasta pensé que sería una buena idea salir un rato a despejarme, conocería además gente nueva y podría relacionarme con ellos como alguien más normal y quizá si tenía suerte encontraría un agradable anfitrión con quién hablar.

Terminé de ponerme un poco de perfume y salí a encontrar a mi prima que había esperado afuera. Me sentía algo extraña con el vestido que había escogido para mí pero no le dije nada ya que su impaciencia en estos pocos minutos había ido en aumento y el aura asesina que brotaba de ella era lejos lo más temible que había visto en mi vida.

-¿Ya estas listas o debo seguir esperando? – dijo volteándose hacia mí, pero cuando me vio su expresión cambio totalmente – argh!, ¡Intento enojarme contigo pero justo ahora te ves tan hermosa con eso que escogí para ti que es imposible!  

- Gracias…  - respondí algo sorprendida - Aunque me siento algo extraña, nunca había usado esta clase de vestido.

- No te preocupes, te queda perfecto, y no olvides tu antifaz.

- Ah, claro, la fiesta es con antifaz.

- ¿Divertido no?

No dijo más, simplemente me llevó al auto que nos esperaba afuera, el chofer, serio como siempre, condujo hasta una gran residencia a unos cinco minutos de nuestra casa y nos dejó en la entrada. Elizabeth salió y yo intenté seguirla, pero mi cuerpo se detuvo. Mis pies temblaron al tocar el piso propagándose hasta mis manos, intenté detenerlos pero no podía, mi corazón comenzó a latir más rápidamente, mi respiración se cortaba y volví a tener esa misma sensación de miedo… algo me advertía que este lugar sería más peligroso de lo que aparentaba.  


BUENAS NOCHES CONTERTULIO! 
He aquí un nuevo cap de UNTITLE, espero les guste y me cuenten cómo lo encuentran ^^, es que sus comentarios son muy importantes sobre todo porque como ven el formato parte I y II cambió por uno solo ya que los capitulos son más extensos.
Atte. Panchii

jueves, diciembre 8

Untitle Capitulo 5 (Parte I): Sendero en el patio trasero


                                                    CAPITULO V                                                     
SENDERO EN EL PATIO TRASERO


Sé que sonaba entusiasmada en la noche, pero es una locura, ni siquiera creo que sea real, entonces ¿Cómo lograría cumplir mi promesa?

- Señorita Elena, ¿Se encuentra bien?

- ¿Hum?... a disculpe, sí me siento bien, ¿Necesita decirme algo? – respondí de forma algo atolondrada

- Le pregunté si quería un poco de leche en su café Srta. – aclaró el criado luego de acercar el jarrón de leche.

- No, gracias, así está bien – dije torpemente.

- Elena ¿Te sientes bien? – Preguntó Rossette desde el otro lado de la mesa – estas algo distraída desde la mañana ¿Te ocurrió algo? ¿Alguien te molestó de alguna forma?
  
- No, Rossette, de ninguna manera, creo que es el cambio de aire, es sólo eso – dejé los cubiertos sobre el plato para indicar que había terminado – Disculpa tía, me gustaría ir a visitar el enorme patio de fondo ¿Puedo retirarme?

- Claro, Elena, no hay problema, pero no olvides que hoy en la tarde vamos a inscribirte en el Instituto de Ravenholm.  

- ¿Instituto? – Recordé mis recién cumplidos 18 años.

- No te preocupes, es sólo el nombre, como sabes, todos aquí tienen profesores particulares hasta los 18 años y luego entran a lo que sería la ”universidad” pero como es su primera experiencia con gente le llaman “instituto” – dijo de una forma en que parecía algo de lo más normal.

- Ya veo, entonces me prepararé en la tarde para ello.

- Además recuerda que Eli quería presentarte a sus amigos esta noche en la fiesta que dará la familia Riddlelock.

- Sí, claro - ¿En qué momento me lo habrá dicho?, pensé – estaré aquí temprano no te preocupes – y luego de una pequeña reverencia me retiré por la puerta trasera.

Salí lo más rápido que pude, intentando a la vez no parecer desesperada y comencé a caminar por el patio simulando mirar las flores. 

- Te demoraste demasiado Elena, terminé de contar las flores hace horas – dijo Rose corriendo hacia mí.

- Lo lamento, no pude salir antes, ahora dime, ¿Hacia dónde hay que ir?

- Hacia allá – dijo señalando el límite de la propiedad de mi familia y donde comenzaba un tupido bosque de Alerces.

- ¿Segura? – Esperé su afirmación con la cabeza – Bien, entonces vamos. 

Partimos entonces a paso rápido, Rose me tomó de la mano y yo la apreté levemente.

- Elena – dijo de pronto - ¿Es verdad todo lo que dijiste anoche?

¿Anoche?, Oh, claro, con el alboroto de la mañana lo había olvidado. Ayer, luego de que mi llanto se hiciera más ligero y yo pudiera hablar, le prometí a esa pequeña niña tan parecida a mí que la ayudaría en lo que quisiera, a pesar de no saber si era una alucinación seguía viéndose como una indefensa y abandonada niña de 10 años, ella a su vez me habló de su madre, me dijo que se llamaba Rose al igual que ella y, aunque sí se sabía muerta, no recordaba bien desde cuándo.

- Claro que es cierto ¿Ya estamos aquí no? – Respondí dirigiéndole una sonrisa – y dime, ¿Desde cuándo sabes de mí? – Recordé cuando dijo que su madre la había mandado conmigo - ¿Tu mamá también murió?

- Sí, mi mamá murió no mucho antes que yo, el último recuerdo que tengo es uno en el que estoy con mi hermano, luego llegué hasta donde ti guiada por la luz de mi mamá, tú estabas muy triste en ese entonces, y llorabas mucho, además cuando intentaba acercarme solías decir las misma palabras que anoche y como me daba miedo, prefería irme. 

-¿Te…. Daba miedo? – “Los fantasmas no existen”, lo repetí tantas veces que ya no recuerdo cuando comencé a hacerlo.

- Sí, y esos hombres de bata blanca me daban más miedo aún, sobre todo cuando te acompañaba a esa sala fría y fea donde te decían que nada de lo que veías era real – su cara se fue tornando algo triste, como si fuera a ponerse a llorar – y yo intentaba gritarte “Elena, es mentira, ellos son unos mentirosos y se van a quedar sin cenar por eso”, pero tú ya no me veías. 

- Ya veo… - Qué bien recordaba todo eso, los médicos, exámenes  y las constantes sicoterapias – Pero ¿Por qué puedo verte ahora? – mi pregunta era más retórica, sin embargo ella me respondió

- Aún no lo sé, pero creo que es algo de este lugar, tiene algo muy extraño, mamá me dijo anoche que para encontrar la verdad debíamos venir a este aquí, pero no sé a qué se refería – su voz sonaba preocupada, y por un momento olvidé sus diez años y la vi cómo una mujer grande.

- Entonces lo único que nos queda es llegar a ese lugar – sentencié.

Caminamos largo rato por el sendero del bosque, luego de unas horas y por no haber tomado desayuno correctamente comencé a tener hambre.

- ¿Podemos parar a comer un poco?  - pregunté a Rose.

-¿Comer? – Frenó un poco a pensar lo que había dicho – Ah, claro Elena, debes comer.

- Es cierto, ¿Tú no comes?

- Elena ¿Aún no sabes algo tan sencillo de la gente muerta? – dijo algo malhumorada.

- Perdón, es que en realidad recuerdo muy pocas cosas de mi infancia, sólo algunos fragmentos – hubiera querido decir “los peores fragmentos”.

- Ya veo, los medicamentos bloquearon tus recuerdos, pero en realidad sí puedo comer, es sólo que no lo necesito porque no siento hambre y no me servirá de nada.

- Claro… - dije y procedí a mascar una de las manzanas que había traído antes de salir, me quede viendo sus ojos, tan oscuros como la misma noche, sin brillo alguno, pero tan, tan, profundos e hipnotizantes.

Continuamos caminando y ella siguió conversando, ahora estaba más parlanchina que antes y me entretenía con las historias de él y su hermano, que al parecer era muy unido a ella. 

- Elena, hace un rato te hice esa pregunta, porque desde que dijiste que me ayudarías a buscar a mi mamá estas muy rara, no dormiste en toda la noche y luego cuando te fueron a despertar le mentiste a esa señora y le dijiste que estabas bien a pesar de haber llorado además de que me pediste que saliera al patio hasta que tu llegaras – dijo Rose con preocupación.

- Ah… si, no te preocupes, no es necesario que ella sepa esas cosas sobre mí ¿Sabes?, es que la gente se asusta de las cosas extrañas y no quiero asustarlas a ellas, y a ti te saqué sólo por seguridad, puede ser peligroso que estés en la casa.

-Pero si nadie aparte de ti me ve Elena, tu sabes eso.

- De todas formas, no podría andar tranquila contigo a un lado ¿Entiendes? – aparte de lo incómodo que resultaría.

-Sí, te entiendo, es sólo que eres la única persona con la que puedo hablar porque con mamá ahora no es lo mismo, no puedo hablar con ella realmente, son sus señales las que sigo, pero contigo es diferente. 

Su cara volvió a tornarse lúgubre como antes, pero no duró mucho, pues de un momento a otro abrió los ojos como si hubiera visto al mismo demonio. Intenté ver en su misma dirección pero no vi nada, entonces pregunté:

- ¿Qué sucede Rose, qué viste? – Y seguí mirando hacia el lugar. 

- Elena, Elena, lo lamento, no puedo decirte ahora, pero me tengo que ir, en serio lo siento – Respondió Rose mientras me soltaba la mano y retrocedía unos pasos.

- Rose, tranquilízate ¿Qué te sucede? – Intenté seguirla, pero comenzó a correr en dirección opuesta y luego… desapareció - ¿Rose? ¡¿ROSE?!

Nada, se había ido. Me quedé parada esperando su regreso, seguí mirando de cuando en cuando la dirección de la que parecía provenir lo que la asustó pero no se veían más que árboles y luego de dejar pasar algunos minutos recordé mi compromiso con Rossette.

- No puedo esperar más… ella no va a volver.

Comencé a caminar de regreso a casa, me sentía triste al no saber lo que le había pasado, aún no tenía claro si era real o una alucinación, pero no por eso dejaba de preocuparme.

Miré nuevamente al cielo – si no me apuro anochecerá antes que llegue a casa – pensé. Apresuré el paso, la neblina se hacía más y más densa dificultando un poco mirar el camino, mi delgado abrigo ya no provocaba el efecto que debía y comencé a sentir frío, decidí entonces empezar a correr y así matar dos pájaros de un tiro.

- Qué frio, qué frío, qué frío… - me llevé las manos a la boca y empecé a soplarlas para darles algo de calor.

Paré un momento para descansar y tomar aire, odié mi costumbre de llevar ropa ligera aún cuando contaba con otra más abrigada… pero los chalecos grueso y enormes me sofocaban.

Retomé la carrera y divisé a lo lejos la salida, ya estaba cerca por lo que comencé a correr un poco más rápido. 

- Al fin…

No terminé la frase, la sombra de un hombre apoyado contra un árbol me detuvo. El sujeto estaba justamente en la salida del lugar y me acerqué sin dejar de trotar intentando ser natural y pasar de largo como si no lo hubiera visto.

- Como Elizabeth nos detuvo pensaste que te habías librado de mí ¿No es cierto?      

Reconocí la voz de inmediato, intenté continuar pero él comenzó a caminar y llegó a mi lado rápidamente, me voltee pero para mi mala suerte nos quedamos de frente.

- Disculpe, no quise molestarlo la otra noche – intenté decir rápidamente - con su permiso, necesito llegar a mi casa – Quise pasar, pero al igual que la última vez, me detuvo.

- ¡Disculpe, disculpe, disculpe! ¿Siempre te disculpas tanto Elena? – Respondió mientras tomaba mi cara con una de sus manos - Ya no eres una niña pequeña, sola y asustada que perdió a mami, ¿Cuándo te vas a dar cuenta que necesitas madurar?

Su forma de hablar tan burlona y su cinismo para decir las cosas lo hacían una persona irritante y poco confiable, pero a pesar de ser tan repulsivo debía admitir que… tenía razón.  Desde que había comenzado el tratamiento mi personalidad había cambiado mucho, no era ni la mitad de lo que fui cuando niña, las terapias lo único que lograron fue tornarme una persona insegura y ahora pagaba las consecuencias. 

- No sé de lo que habla- mentí – Pero en verdad necesito pasar Señor… - me detuve, ¿Cómo se llama este tipo? – Señor. – repuse al fin.

 Intenté no cruzar nuevamente las miradas, a pesar de mi respuesta, sus palabras me habían herido bastante y sólo pensaba en irme. Para hacer mi tarea más fácil comencé a observar un pequeño pajarito que cantaba sobre un árbol. Al notar esta actitud en mí, pude sentir como el sujeto se acercó más y más, giró para acomodarse por detrás de mí y luego de inclinarse levemente hacia adelante, acomodó su cabeza a un costado de la mía.

- ¿Qué es lo que ves tan detenidamente? – el tono en su voz volvía a cambiar, como si esta vez se tratara de alguien más amable que el anterior. 

Tragué saliva, sus constantes cambios de personalidad me hacían dudar aún más de él, intenté darme algo de valor a pesar de que su actitud me acobardaba un poco, sobre todo porque no podía confiar en él para nada. 

- No veo nada en especial, solo observaba… el paisaje – dije mientras miraba al piso.

- Oh…Entonces no tiene relación con mi idea de que no quieres verme a la cara ¿Cierto? 

Me quedé mirándolo y me sonrió con malicia, incluso un gesto tan servicial como una sonrisa él podía transformarlo en algo perturbador.  Seguí observando, hasta ahora no había podido verlo claramente pero teniéndolo tan cerca pude darme cuenta de muchas cosas que no había percibido, por ejemplo, era mucho más joven de lo que creí, no era para nada un señor mayor, a pesar de la ropa formal que llevaba no debía tener más de 20 años, las facciones de su rostro eran extremadamente varoniles, estilizadas con la delgadez de su cuerpo, su boca armonizaba completamente con la cara y sus ojos… sus ojos…

- Me estas mirando como acosadora Elena, si necesitas verme, dime y me acerco todo lo que necesites – me dijo volviendo a usar sus toquecitos de sarcasmo.

Este poco cortés comentario me hizo bajar de nuevo a tierra y recordar el motivo por el que me iba en primer lugar, debía llegar rápido a casa  y no podía seguir retrasándome con tanta palabrería. 

- Qué grosero, ¿Eres así con todo el mundo?, lo único que quiero es que dejes de acecharme porque no te conozco y tampoco quiero hacerlo, ya me disculpé por lo de ayer y si te molesta que sea cortés contigo entonces lo dejaré de hacer así que puedes largarte ahora por donde llegaste – y luego de decirlo me eché a andar nuevamente con toda la seguridad que había perdido unos minutos atrás.

Para mi sorpresa no me siguió, se quedó parado observándome con las manos en los bolsillos, sólo cuando ya estuve a una distancia de él me gritó:

- ¡No me molesta!

-¿Qué? 

- No me molestan tus disculpas y tu cortesía Elena – luego poniendo una expresión un poco más seria agregó – Y no pienso largarme a ningún sitio.

Después de eso dio media vuelta y se acercó lentamente hacia el camino del que yo a la vez me iba alejando.