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martes, diciembre 3

Relatos de una Mente Caprichosa N#4: El extraño - Último capitulo (SORPRESA)

 Millones de criaturas espirituales caminan sobre la tierra invisibles, tanto cuando estamos despiertos como cuando dormimos ~ John Milton





                                                   CAPITULO IV                                                   

No estaba convencida de lo que estaba por hacer, pero le miré a la cara. – Bien – fue todo lo que logré decir. Gabriel era el que llegó a salvarme. Aún así, no estaba segura si esto era buena idea, pero era lo que mi instinto me dictaba.

Condujo por lo menos 20 minutos sin decir nada, y a pesar de todo lo que tenía pensado decir en un comienzo, yo tampoco fui capaz de abrir la boca ¿Por qué tenía que ser siempre tan incómodo estar cerca de él? Para no parecer más nerviosa de lo que estaba, puse mi completa atención en la carretera, intentando distinguir en la oscuridad de la noche el camino por el que me llevaba pero incluso cuando me forcé a visualizar mi alrededor el pensamiento de él a mi lado en silencio iba y venía sin darme un minuto de tranquilidad – si  quieres puedes poner la radio, vamos a demorarnos por lo menos media hora más – dijo de repente.

- No lo creo, no gracias – sonó más hostil de lo que quería pero sería incluso más incómodo si hubiese música de fondo.

-¿Siempre tienes que ser así de …. Antipática? – dijo sin apartar la vista de la carretera.

- ¿Antipática?... – le miré fijamente, estoy segura que era una mirada asesina pero acaba de sacarme de mis casillas - acabo de ser casi asesinada por un tipo más que trastocado mental que por alguna retorcida razón me conectó contigo y pensó que haciéndome daño aparecerías… y adivina qué, ¡apareciste!… cómo el maldito superman, tú simplemente llegaste de la nada… ¿Cómo rayos lo hiciste? – hice una pausa y tomé aire – No, no me respondas, creo que si lo medito con calma le tengo más miedo a la respuesta que tengas que darme.
  
Parecía incómodo, pero más que nada, furioso. Bueno me alegraba, yo también lo estaba.

- Bien, creo que al final no puedo esperar para llegar al maldito lugar – dijo pasándose una malo por el cabello, él realmente estaba exasperado.

Sin previo aviso dobló y estacionó el auto. Salió y cerró la puerta violentamente tras de él, estaba enojado, y no sabía que haría así que no hice ademán de salir tras él, de todas formas no necesité hacerlo, cuándo se dio cuenta de que no lo seguía me abrió la puerta y me sacó.

- Suéltame, puedo salir por mi cuenta – grité y liberé su mano de mi brazo.

- Bien, ya que lo mencionas, creí que también necesitabas al maldito superman para que te abriera la puerta – su voz como el hielo.

- ¿Por qué tengo que aguantarte? Se suponía que me dirías lo que ocurrió, no que me regañarías como si tuviera 7 años Gabriel.

- ¡No tenía que regañarte cuando tenías 7 años!

Su comentario quedó flotando en el aire, como si de la nada, ahora estuviésemos en un terreno delicado. Era tan claro que se le había escapado esa información, podía verlo en su cara. Ahora era todo más confuso que en un comienzo y ya no tenía seguridad hacia dónde iba a parar esta conversación.

- ¿Qué?... ¿Qué acabas de decir?

- Yo… era una forma de decir – dijo finalmente.

- ¡A la mierda! Si no puedes hablarme con la verdad, estamos perdiendo el tiempo – grité empujando mi dedo en su pecho - se suponía que me aclararías todo de una vez pero con cada cosa que dices parece que escondieras más y más secretos acerca de ti o de mi, o de cómo tú sabes de mi conmigo cuando yo nunca antes te había visto – mi vista al frente, con ira. Luego di media vuelta y me preparé para volver al auto. Fue entonces cuando lo escuché.

- ¡¿QUIERES SABER LA VERDAD¡?, BIEN!! – Volvía a mirarlo a la cara - ¡SOY TU GUARDIÁN!, - una pausa, mi cuerpo sin moverse - POR ESO YO SÉ DE TI PERO TU NO PUEDES RECORDARME, PORQUE SIEMPRE HE ESTADO CONTIGO Y TE HE CUIDADO DESDE EL OTRO LADO, ÉL TE DEJÓ A MI CARGO, ERES MI MISIÓN Y AHORA TODO SE ARRUINÓ… ¡¿PORQUÉ TENÍAS QUE SEGUIRME?! ¡NOS ARRUINASTE SARA!

Lo escuché y repetí sus palabras en mi cabeza un millón de veces en los segundos que demoró en decirlas.

- ¿He…? – fue lo único que logré articular. Por un momento pensé que me tomaba el pelo, pero no era así, su mentón aún temblaba con lo que había soltado. - ¿Tu… a qué te refieres con un guardián?

- Ángel… Ángel guardián para ti, aún cuando técnicamente el concepto fue creado por humanos y está equivocado ya que…- se detuvo- ¿No tienes nada que decir? ¿Entiendes lo que te digo?

Ángel. ¿Entendía bien?, él era un ángel… No, no era UN, era MI ángel guardián. ¿Me estaba diciendo la verdad?, por lo menos lo creía, lo podía ver, nadie podría ser tan buen actor, por lo menos no él. ¿Estaría loco quizá?, pero por otra parte estaba su aparición de la nada, lo que había dicho el sujeto del buzo… todo parecía tener más sentido con ese sinsentido. Aún así seguía siendo una locura y quizá yo lo estaba aún más por creen en la posibilidad.

- ¿No me crees?...

- ¿Debería?...

- Es normal que tengas tus dudas – miró al horizonte y suspiró en resignación - por eso pensé en hacer esto – y como si fuera poco todo lo que estaba asimilando él extendió un par de blancas alas de su espalda. Ellas simplemente… aparecieron de la nada, como si siempre hubiesen estado allí y se elevaron por sobre su cabeza, yo perdí el control sobre mis piernas y caí al piso.

Plumas comenzaron a desprenderse de sus alas y cuando tocaban el suelo se volvían negras.
Bien, digamos que lo había probado, el era un maldito ángel.

- ¿Asustada? Si quieres correr, este es tu momento.

Increíble como parezca no estaba asustada, por lo menos no como para huir, era la primera vez que lo veía realmente, a la cara y de frente, y sin razón, no podía apartar la vista. Era hermoso, quizá todos los ángeles lo eran, quizá él era especial. Podía sentir como todo ahora parecía tener armonía: sus ojos café como el chocolate, su pelo rubio y el contraste que creaba con el blanco y negro de sus alas, sus manos grandes, la pequeña sonrisa de temor y satisfacción y esa sensación de paz que me embriagaba al verlo, felicidad y paz.
Me dejé envolver unos momentos por esa sensación.
Felicidad y paz.
No podía negarlo, él...él era… arte.

- ¿Sara? – Al escuchar mi nombre y verlo hacer desaparecer sus alas logré salir al fin de mi trance y prestar atención a lo que me rodeaba.

- No, no estoy asustada – dije mientras me paraba y sacudía mi ropa – sólo un poco molesta, ya sabes, porque al parecer tengo una familia muerta y un ángel que se preocupa que yo me mantenga feliz ¿Entiendes la paradoja?. Creo que alguien no ha estado asiendo bien su trabajo – dije intentando hacerlo sonar casual, pero al final igual había parecido acusatorio.

- Eso… no estaba en mi poder, no estaba en el poder de nadie.

Mi comentario había tornado la situación un poco más incómoda aunque no fuese lo que intentara, me dolía aún lo de mis padres, pero en el fondo sabía que eran cosas que nadie controlaba, ni siquiera alguien como él.

- Bien, creo que has logrado explicar la mitad de esta situación, pero ahora déjame preguntarte ¿Cómo es que nuestra relación de, em…  ángel invisible -humano cambió a… esto?

- No lo sé

- ¿No lo sabes? - ¿Enserio?

- Yo… cuándo me viste en el bar, casi salí corriendo, no entendía que pasaba.

- ¿Por eso me trataste así de… mal?

- Y luego te metiste en problemas y yo tuve que sacar tu trasero de ellos.

- Y luego me abandonaste, cuando estaba borracha.

- Yo no…

- No importa, enserio. Más bien, ¿Cómo no puedes saber cómo ocurrió esto? No puedes… ya sabes… preguntarle a él, allá arriba – le dije apuntando hacia el cielo y con la voz un poco más baja, por alguna razón de pronto me sentía muy observada.
    
- No es tan sencillo. No estamos hablando de pedir una hora al médico o para hablar con el jefe de tu oficina, él no nos atiende como a sus empleados, es más complicado que eso.

- ¡Bien! ¿Y entonces qué hacemos? ¿Quedarnos aquí atascados esperando que las cosas vuelvan a la normalidad o mejor aún, que vivamos juntos en mi casa para hacernos compañía.

- No dije que no había una solución – escupió molesto.

Bien, yo también volvía a estar molesta, su yo-no ángel era un chiquillo voluble y poco amistoso que le gustaba pelearse conmigo, O quizá sólo estaba frustrada, habían sido muchas cosas por una noche y necesitaba digerir todo, yo aún estaba en el periodo de una no-real aceptación a esta nueva situación. Suspiré un tanto porque entendía que este embrollo no se solucionaría por el momento y también porque no podía seguir cargando mi odio, miedo y frustraciones hacia él. Mal que mal era quien estaba aquí especialmente para ayudarme.

- ¿Cuál es esa solución entonces? – dije más calmada.

- Debemos ir a hablar con Marco, es un monje que vive en las montañas del sur de Escocia, él sabe sobre estas situaciones

- Bien, sur de Escocia… parece un largo viaje – dije sin ganas - ¿Podemos… volver al coche y dormir por hoy? He tenido suficiente. – de pronto me sentía muy cansada.

Me miró un poco aturdido, pero no dijo nada, sólo asintió – está bien, ha sido un día agotador incluso para mi, vamos – la forma en que lo dijo había sido lo más gentil que alguna vez le escuchara, me estiró la mano y me guió al auto.

- Así que… Ángel Gabriel – solté de repente, había que admitir que era divertido.

- Sin comentarios.

Volvimos a la carretera y yo me acomodé en el asiento para dormir un poco, sin embargo, antes de hacerlo no pude evitar mirar su rostro por una vez más, él podía ser un idiota y un malhumorado, pero ahora sin querer lo veía como alguien mucho más cercano – es tu idiota y tu malhumorado – pasó la idea por mi cabeza ¿De adonde había venido eso? No, no, no Sara. Si antes lo miraste con otros ojos, eso quedó en el pasado. Él era un ángel, y tú eres a quien él protege. Eso es lo que tienen. Esa es su relación en la historia.



- ¿Sara?... ¿Sara?

- ¿Mmmmh?...

- Vamos, debes despertar…

Ella había estado las cuatro horas que conduje hasta el aeropuerto durmiendo – y si lo preguntan, sí, así de lejos quedaba de la ciudad - no quise molestarla, parecía que el sueño que tenía la mantenía en paz, y eso era bueno, que ella pudiese tener un momento de paz era bueno.

¿Cómo es que habíamos llegado a esto? Ahora que mantenía mis pensamientos en orden, no podía creer todo lo que había pasado, lo único que debía hacer era cuidar de ella, y ahora, yo era la única razón por la que se encontraba  en peligro.

- Soy un gran hijo de…

- ¿Gabriel? – escuché a Sara aún somnolienta. - ¿Dónde estamos? – su cabello enmarañado y los ojos entrecerrados le daban un aspecto bastante indefenso, realmente me gustaba como le quedaba…  

Detente. Tan sólo detente justo ahí, gritó mi voz racional nuevamente. Esto me estaba pasando cada vez más seguido.

- ¿Ya despertaste bella durmiente? – La miré por un momento - Bien, estamos a punto de llegar ya que lo preguntas, será mejor que te despabiles, ni creas que voy a cargarte hasta el avión

- No pedí que lo hicieras – miró por la ventana del auto, de seguro pensando algo que yo no alcanzaba a imaginar – eres como un viejo gruñón – respondió finalmente.

- Mmmm… así está bien malcriada, comienza el día siendo amable conmigo, es lo que hará de este viaje algo llevadero – dije mientras la miraba por el retrovisor, ella sonrió.

- Y entonces… ¿Cuánto dices que esto demorará?, ya sabes, tengo que avisarle a las chicas.
- Diles que serán unos días, que estas solucionando asuntos personales, Becca entenderá.

- ¿Cómo sabes tu …? Olvídalo, no quiero saber, simplemente no quiero – respondió tapándose los oídos.

Su expresión me causó mucha gracia, se veía como una niña pequeña y yo simplemente me reí un momento. Ella entonces dejó de taparse los oídos y me miró fijamente.

- Dios… así que ríes– dijo sorprendida, su expresión extraña - es grato de oír, deberías hacerlo más.

- Todo el mundo tiene sus momentos Sara, déjalo. – miré por la ventana, de repente me sentí avergonzado.

Subimos al primer avión que encontré disponible, necesitábamos encontrar a Marco, era el único monje que sabía podía ayudar a solucionar mi problema de “visibilidad” en estos momentos, aunque no sabía nada más allá de él. Como todo hombre de las montañas, era un misterio hasta su propia existencia y los datos de sus hazañas eran guardadas con recelo entre los ángeles. El viaje fue largo, pero Sara se las arregló para dormir la mayor parte de él, por mi parte, no pude dejar de ver a la madre que cuidaba de su hijo dos asientos delante de nosotros, era morena y bastante más pequeña que el promedio, pero se las arreglaba para sostenerlo en el aire y jugar con él. El bebé sonreía encantado.

- ¿Te gustan los niños?

Me giré y vi a Sara recostada en el asiento, de lado, observándome. Sus ojos puestos en los míos, esos grandes ojos inspeccionadores y poco amistosos, pero que sabía hace tantos años que guardaban a una persona verdadera de corazón.

- Me gustan.

- Bueno, eres un ángel, de todas formas no es como que puedas decir que no te gustan…

- No me gustan los adolescentes – repliqué – son gritones y hormonales, no puedes controlar nada en ellos.
- ¿Controlar, he? – su mirada en mi.

- Controlar – repliqué y la miré de vuelta, sostuve su mirada por unos momentos y entonces ella desvió su atención a la ventana, como escondiendo su timidez.

Tan linda.
No. No. No. No. No.

- ¿Qué pasará cuando hablemos con este hombre? ¿Lo solucionará y te irás? ¿Seguirás viéndome o volverás arriba? - dijo de pronto, con un tono algo preocupado.

- No lo sé. ¿Qué crees tú que pasará?

- No lo sé, pero no me gustaría que fueras sancionado por mi culpa, - dejo de hablar un momento - ¿Puedo hacerte una pregunta? - dijo algo cautelosa, expectante de lo que pudiese decirle. 

- Bien.

- Mmmm... - parecía analizar la pregunta - ¿Cómo... es ser… así? 

- ¿Así? – Volvía a hacerme sonreír - ¿Así de guapo dices? ¿Así de sensual y divertido?, no lo sé Sara, no es cómo te pintan en la tierra que es la vida de los seres sobrenaturales, la mayoría de ángeles son muertos, es decir, tuvieron una vida humana antes, luego murieron y fueron seleccionados por sus méritos. Yo no. Yo fui llamado a servir desde el momento de mi existir, en lugar de ir al otro lado o de nacer en la tierra. Desde que lo recuerdo has sido mi asignada, y esto simplemente las sé, nadie me las contó y nadie me instruyó sobre cuál era mi “nuevo trabajo”, es como respirar, como pensar. No eres consciente de que lo controlas, solo lo haces.

- ¿Siempre has sido mi guardián?, ¿Toda mi vida?

- Toda tu vida he sido tu guardián y siempre seré tu guardián… – dije detenidamente y noté lo posesivo que sonaba mi comentario – si él así lo quiere.

- Bien, entonces puedo confiar ciegamente en ti – dijo con una sonrisa en su cara.
- Pensé que ya lo hacías.

- Pero ahora lo haré con una buena actitud, porque fuiste sincero, me portaré bien.


- Siempre lo haces…-mi mano instintivamente tocó su mejilla y ella dio un pequeño salto de sorpresa, yo aún no entendía bien lo que hacía – cuando eras pequeña siempre cuidabas de tu hermano y aún más cuándo enfermó - mis palabras fluían por si solas, no podía controlarlas y comencé a acercarme, nuestros rostros cada vez más cerca, yo comenzaba a susurrar - luego lo de tus padres, eso fue muy duro para ti, llorabas...tanto. Siempre me preguntaba si alguna vez volverías a quedarte dormida sin lágrimas en los ojos - mientras lo decía encontré mis ojos en los de ella y pude reflejar mi propio deseo en ellos. No. No No, esto esta mal. Pero lo quieres ¿Qué demonios quería hacer?.

 
Sorpresa, sorpresa.

Bien, ya sé lo que se estan preguntando ¿WTF?, ¿este es el último capitulo?. Bueno, si y no. 
Lo que pasó es que ya les conté mi intensa frustración por lo extenso que resultó ser este "relato corto", del cual soy 100% culpable. 
Mientras escribía comenzaron a surgir ideas, de esas ideas situaciones y de esas situaciones cambios en la historia original. Ahora Gabriel y Sara están en una posición que merece un desenlace decente, y para eso necesito que me regalen unas cuantas lineas más. 
Este es el fin, pero de la primera parte. La segunda parte ya comencé a escribirla y espero publicarla en 2 semanas, por una cuestión de orden. ¿Qué les parece esta decisión que tomé?






domingo, octubre 20

Relatos de una Mente Caprichosa N#3: El extraño (Parte 3- penúltima parte)















Millones de criaturas espirituales caminan sobre la tierra invisibles, tanto cuando estamos despiertos como cuando dormimos ~ John Milton



Leer - Parte I

Leer - Parte II

                                                        CAPITULO III                                                         


No estaba convencida de lo que estaba por hacer, pero le miré a la cara. – Bien – fue todo lo que logré decir. Gabriel era el que llegó a salvarme. Aún así, no estaba segura si esto era buena idea, pero era lo que mi instinto me dictaba.

Condujo por lo menos 20 minutos sin decir nada, y a pesar de todo lo que tenía pensado decir en un comienzo, yo tampoco fui capaz de abrir la boca ¿Por qué tenía que ser siempre tan incómodo estar cerca de él? Para no parecer más nerviosa de lo que estaba, puse mi completa atención en la carretera, intentando distinguir en la oscuridad de la noche el camino por el que me llevaba pero incluso cuando me forcé a visualizar mi alrededor el pensamiento de él a mi lado en silencio iba y venía sin darme un minuto de tranquilidad – si  quieres puedes poner la radio, vamos a demorarnos por lo menos media hora más – dijo de repente.

- No lo creo, no gracias – sonó más hostil de lo que quería pero sería incluso más incómodo si hubiese música de fondo.

-¿Siempre tienes que ser así de …. Antipática? – dijo sin apartar la vista de la carretera.

- ¿Antipática?... – le miré fijamente, estoy segura que era una mirada asesina pero acaba de sacarme de mis casillas - acabo de ser casi asesinada por un tipo más que trastocado mental que por alguna retorcida razón me conectó contigo y pensó que haciéndome daño aparecerías… y adivina qué, apareciste… cómo el maldito superman, tu simplemente llegaste de la nada ¿Cómo rayos lo hiciste? – hice una pausa y tomé aire – No, no me respondas, creo que si lo medito con calma le tengo más miedo a la respuesta que tengas que darme.
  
Parecía incómodo, quizá no estaba preparado para que le tirara todo eso encima, pero rayos, él había comenzado, yo sólo me defendí. (¿Por qué ahora actuaba como una niña? - sin comentarios.)

- Bien, creo que al final no puedo esperar para llegar al maldito lugar – dijo pasándose una malo por el cabello, él volvía a estar exasperado.

Sin previo aviso dobló y estacionó el auto. Salió y cerró la puerta violentamente tras de él, estaba enojado, pero no sabía bien la razón así que no hice ademán de salir tras él, de todas formas no necesité hacerlo, cuándo se dio cuenta de que no lo seguía me abrió la puerta y me sacó de él.

- Suéltame, puedo salir por mi cuenta – grité y liberé su mano de mi brazo.

- Bien, ya que lo mencionas, creí que también necesitabas al maldito superman para que te abriera la puerta – su voz como el hielo.

- ¿Por qué tengo que aguantarte? Se suponía que me dirías lo que ocurrió, no que me regañarías como si tuviera 7 años Gabriel.

- ¡No tenía que regañarte cuando tenías 7 años!

Su comentario quedó flotando en el aire, era obvio que se le había escapado esa información. Podía verlo en su cara. Ahora era todo más confuso que en un comienzo y ya no tenía seguridad hacia dónde iba a parar esta conversación.

- ¿Qué?... ¿Qué acabas de decir?

- Yo… era una forma de decir – dijo con la mirada en el piso. Era pésimo mintiendo.

- ¡A la mierda! Si no puedes hablarme con la verdad, estamos perdiendo el tiempo – grité empujando mi dedo en su pecho - se suponía que me aclararías todo de una vez pero con cada cosa que dices parece que escondieras más y más secretos acerca de ti o de mi, o de cómo tú tienes una conexión conmigo cuando yo nunca antes te había visto – mi vista al frente, con ira. Luego di media vuelta y me preparé para volver al auto. Fue entonces cuando lo escuché.

- ¡SOY TU GUARDIÁN!, POR ESO YO SÉ DE TI PERO TU NO PUEDES RECORDARME, PORQUE SIEMPRE HE ESTADO CONTIGO Y TE HE CUIDADO DESDE EL OTRO LADO, ÉL TE DEJÓ A MI CARGO, ERES MI MISIÓN Y AHORA TODO SE ARRUINÓ… ¡¿PORQUÉ TENÍAS QUE SEGUIRME?! ¡NOS ARRUINASTE SARA!

Lo escuché y repetí sus palabras en mi cabeza un millón de veces en los segundos que demoró en decirlas.

- ¿He…? – fue lo único que logré articular. Por un momento pensé que me tomaba el pelo, pero no era así, su mentón aún temblaba con lo que había soltado. - ¿Tu… a qué te refieres con un guardián?

- Ángel… Ángel guardián para ti, aún cuando técnicamente el concepto fue creado por humanos y está equivocado ya que…- se detuvo- ¿No tienes nada que decir? ¿Entiendes lo que te digo?

Ángel. ¿Entendía bien?, él era un ángel… No, no era UN, era MI ángel guardián. Él me estaba diciendo la verdad, por lo menos lo creía, lo podía ver, nadie podría ser tan buen actor, por lo menos no él. ¿Estaría loco quizá?, pero por otra parte estaba su aparición de la nada, lo que había dicho el sujeto del buzo… todo parecía tener más sentido con ese sinsentido. Aún así seguía siendo una locura y quizá yo lo estaba aún más por creen en la posibilidad.

- ¿No me crees?...

- ¿Debería?...

- Es normal que tengas tus dudas, por eso pensé en hacer esto – y como si fuera poco todo lo que estaba asimilando él extendió un par de blancas alas de su espalda, ellas simplemente aparecieron de la nada, como si siempre hubiesen estado allí y se elevaron por sobre su cabeza, yo perdí el control sobre mis piernas y caí al piso.

Plumas comenzaron a desprenderse de sus alas y cuando tocaban el suelo se volvían negras.
Bien, digamos que lo había probado, el era un maldito ángel.

- ¿Asustada? Si quieres correr, este es tu momento.

Increíble como parezca no estaba asustada, por lo menos no como para huir, era la primera vez que lo veía realmente, a la cara y de frente, y sin razón no podía apartar la vista. Era hermoso, no era sólo porque claramente era demasiado guapo y el traje que traía le hacía ver aún mejor. Eran sus ojos café como el chocolate, su pelo rubio que contrastaba con el blanco y negro que creaban sus alas, sus manos grandes, la pequeña sonrisa de temor y satisfacción que le perseguían a cada minuto y esa sensación de paz que me embriagaba al verlo, felicidad y paz, él...él era… arte.

- ¿Sara? – Al escuchar mi nombre y verlo hacer desaparecer sus alas logré salir al fin de mi trance y prestar atención a lo que me rodeaba.

- No, no estoy asustada – dije mientras me paraba y sacudía mi ropa – sólo un poco molesta, ya sabes, porque al parecer tengo una familia muerta y un ángel que se preocupa que yo me mantenga feliz ¿Entiendes la paradoja?. Creo que alguien no ha estado asiendo bien su trabajo – dije intentando hacerlo sonar casual, pero al final igual había parecido acusatorio.

- Eso… no estaba en mi poder, no estaba en el poder de nadie.

Mi comentario había tornado la situación un poco más incómoda aunque no fuese lo que intentara, me dolía aún lo de mis padres, pero en el fondo sabía que eran cosas que nadie controlaba, ni siquiera alguien como él.

- Bien, creo que has logrado explicar la mitad de esta situación, pero ahora déjame preguntarte ¿Cómo es que nuestra relación de, em…  ángel invisible -humano cambió a… esto?

- No lo sé

- ¿No lo sabes? - ¿Enserio?

- Yo… cuándo me viste en el bar, casi salí corriendo, no entendía que pasaba.

- ¿Por eso me trataste así de… mal? Dios…

- Y luego te metiste en problemas y yo tuve que sacar tu trasero de ellos.

- Y luego me abandonaste, cuando estaba borracha.

- Yo no…

- No importa, enserio. Más bien, ¿Cómo no puedes saber cómo ocurrió esto? No puedes… ya sabes… preguntarle a él, allá arriba – le dije apuntando hacia el cielo y con la voz un poco más baja, por alguna razón de pronto me sentía muy observada.
    
- No es tan sencillo. No estamos hablando de pedir una hora al médico o para hablar con el jefe de tu oficina, él no nos atiende como a sus empleados, es más complicado que eso.

- ¡Bien! ¿Y entonces qué hacemos? ¿Quedarnos aquí atascados esperando que las cosas vuelvan a la normalidad o mejor aún, que vivamos juntos en mi casa para hacernos compañía.

- No dije que no había una solución – escupió molesto.

Bien, yo también volvía a estar molesta, su yo-no ángel era un chiquillo voluble y poco amistoso que le gustaba pelearse conmigo, O quizá sólo estaba frustrada, habían sido muchas cosas por una noche y necesitaba digerir todo, yo aún estaba en el periodo de una no-real aceptación a esta nueva situación. Suspiré un tanto porque entendía que este embrollo no se solucionaría por el momento y también porque no podía seguir cargando mi odio, miedo y frustraciones hacia él. Mal que mal era quien estaba aquí especialmente para ayudarme.

- ¿Cuál es esa solución entonces? – dije más calmada.

- Debemos ir a hablar con Marco, es un monje que vive en las montañas del sur de Escocia, él sabe sobre estas situaciones

- Bien, sur de Escocia… parece un largo viaje – dije sin ganas - ¿Podemos… volver al coche e ir a dormir por hoy? He tenido suficiente. – de pronto me sentía muy cansada.

Me miró un poco aturdido, pero no dijo nada, sólo asintió – está bien, ha sido un día agotador incluso para mi, vamos – la forma en que lo dijo había sido lo más gentil que alguna vez le escuchara, me estiró la mano y me guió al auto.

- Así que… Ángel Gabriel – solté de repente, había que admitir que era divertido.

- Sin comentarios.


Volvimos a la carretera y yo me acomodé en el asiento para dormir un poco, sin embargo, antes de hacerlo no pude evitar mirar su rostro por una vez más, él podía ser un idiota y un malhumorado, pero ahora sin querer lo veía como alguien mucho más cercano – es tu idiota y tu malhumorado – pasó la idea por mi cabeza ¿De adonde había venido eso? No, no, no Sara. Si antes lo miraste con otros ojos, eso quedó en el pasado. Él era un ángel, y tú eres a quien él protege. Eso es lo que tienen. Esa es su relación en la historia. 

shoujo | via Tumblr


PEQUEÑA NOTA DE LA AUTORA

Lamento que este relato se haya alargado taanto, realmente no era mi intención, la idea es que no sean tan largos pero realmente se me fue de las manos, la última parte es la 4 y espero saber qué tal les pareció. Saludos!.

lunes, octubre 14

Relatos de una Mente Caprichosa N#3: El extraño (Parte 2)













Millones de criaturas espirituales caminan sobre la tierra invisibles, tanto cuando estamos despiertos como cuando dormimos ~ John Milton



                                              CAPITULO II                                              


El sujeto definitivamente estaba alterado, sin dejar de lado que su cara se veía horriblemente borrosa… oh, un momento, ese quizá era el efecto del alcohol. Sentía como si lo que él decía fuese importante, pero no podía concentrarme, después de agotar mis cartuchos de adrenalina con lo que había pasado, ahora sólo podía pensar en… dormir.

- Si…umh… yo soy… una chica muy mala…pff... – oh, demonios ¿Esa había sido yo?, ¿acaba de decir algo y luego reprimir una risa? El vodka definitivamente había llegado a mi cerebro.

- Y encima estas ebria. Maldición Sara, ¿Cuánto tiempo pretendes seguir con esto? Enserio… tú…- y ahí estaba de nuevo, tan frustrado como el 99% de las veces que me había dirigido la palabra.

 Quise responder a eso, enserio quise, pero mis labios no se movían, estaban totalmente entumecidos. Además si volvía a abrir la boca, me reiría, ¿Cómo es que podía estar tan consciente de mi ebriedad y no podía controlarla? Maldita lógica humana.  Pero no parecía buena idea seguir callada, al parecer el sujeto esperaba una señal de mi parte, por la forma en que me miraba, él quería una respuesta.

Y entonces ocurrió, ¿2 segundos? 5 como máximo me tomó desplomarme, logré sentir el peso de mi cuerpo caer, pero no llegué a golpearme con el piso… antes que eso ocurriera, ya me había sumergido en las tinieblas.

- Sara… Sara… despierta…

Sentí la necesidad de levantarme, de ver quién era el que me llamaba, pero mi cuerpo no respondía… entonces volví a las tinieblas. Cuando finalmente fui capaz de abrir los ojos me encontraba en mi cama.

- Como demonio…. - sin ser capaz de articular una palabra más me llevé las manos a la cabeza: MALDITA RESACA – AHH, maldición, todo da vueltas.

Me fui corriendo al baño y antes que me diera cuenta, ya tenía todo el contenido de mi estómago saliendo a recordarme lo mal que me había comportado la noche anterior.

- Wow, vaya, chica, y yo pensaba que había tomado bastante – escuché desde atrás a Cindy mi compañera de piso decir por lo bajo.
- Déjala, es mejor que saque toda la mierda de su sistema, no lo necesita en su estómago de todas formas – decía Becca como toda una veterana en el asunto. 

- Ya cállense par de grumpies, no me traten como el caso perdido del grupo, ninguna de las dos puede hacerlo – dije algo bromeando, algo enserio.

- Bien, bien… sólo, no entiendo cómo te las ingeniaste para llegar hasta acá por tu cuenta en esas condiciones.
- ¿?...  - ¿Había llegado por mi cuenta?... ¿En qué momento había vuelto a casa?

Yo salí del bar, yo perseguí a un sujeto toda la noche - o gran parte de ella – me atacaron, me salvó, luego peleamos pero él volvió por mí….y luego…luego… ¿Qué pasó luego?.

- ¿Llegué sola? – pregunté intentando parecer casual.
- ¿Te refieres a si llegaste con un chico guapo y caliente? Pues no, no lo hiciste.

- ¡Está prohibido! – gritó Becca mientras entraba en la cocina.

- Sí, sí, sí…como sea, de todas formas no lo hiciste Sara ¿Por qué?

- Por nada, es sólo que llegué con un par de compañeras a la fiesta de anoche, pensé que me acompañarían.

Así que el canalla me había abandonado, bueno, no necesité su ayuda para llegar a mi casa, no necesitaba la ayuda de nadie de todas formas. Me levanté del inodoro - ya me sentía un poco mejor - el vomito matutino pos-borrachera ayuda chicos, aunque no me crean. Caminé hacia mi habitación y me vestí rápidamente para ir a la universidad, no es que estuviese atrasada para una clase, no, no es como que llegaría a clases. Escapaba de clases desde que aquello había ocurrido, yo iba más bien al área silenciosa de la biblioteca, me gustaba sacar libros desclasificados, la mayoría eran joyas literarias olvidadas y desplazadas por escritores de moda, al leerlos y ordenarlos podía devolverlos al lugar donde pertenecían.

- Sara, lleva algo de comida si irás a leer, llegas muy tarde y me preocupa que no comas nada, estas delgada – Era Becca, mi maternal Becca.

Becca era mi amiga de la infancia. Cuando mis padres murieron logré deshacerme de todo el mundo, incluido Peter, mi novio, pero ningún maldito insulto o desprecio que aventara hacia ella logró ponerla fuera de mi vida. Yo la llamaba la perdonadora, porque no importaba cuántas estupideces hiciera, ella simplemente me perdonaba. Por cierto, su nombre es Rebecca Pears y ambas hemos ido a los mismos colegios desde la niñez, nos conocimos y nos hicimos amigas inseparables, ha sido mi compañera y ha estado para mí, es la persona más importante en mi vida, es la única que me queda. 
Ahora vamos a la misma universidad, sólo que ella estudia arte y yo leyes, bueno, por lo menos eso solía hacer. Cindy era la nueva compañera del piso, nos faltaba una después que Ana se fuera de vuelta a su país y ella no pensó dos veces en venirse conmigo, al parecer tenía problemas con su novio y no podía seguir viviendo con él. Aunque no conozco mucho sobre ella, suele componer música para nosotras, es su talento y lo utiliza de buena forma. Es una buena chica.

-¡Bieeeeeeen, lo haré! – grité y luego de tomar un par de panecitos de la mesa salí corriendo para llegar a tomar el bus de las 13.50, faltaban menos de 5 minutos y la parada estaba a 3 cuadras.

Logré abordar a tiempo y en 20 minutos me encontraba entrando a la biblioteca por el ala principal del sector viejo. Nadie entraba por esta parte ya que era el ala de los libros desclasificados.

- Sara, hola, ¿Cómo te encuentras? – la señora Mery, era la recepcionista y me tenía bastante cariño, creo que también un poco de pena, al parecer pensaba que era una especie de solitaria sin remedio.

- Buenos días Sra. Mery, ¿Cómo ha ido el día? – dije cortésmente.

- Poco tránsito Sara, como de costumbre. Raúl ah dejado una caja nueva para desempolvar en el pasillo N.09382, quizá quieras ir a mirar.

- Excelente. Con su permiso.

Caminé hasta el pasillo que parecía tener las novedades y comencé a buscar algo que llamara mi atención… B…Bodas, Bontana, Búsqueda de la vida… C…Casa Blanca… E… El extraño, Elle la novia, El titán… - El extraño-. Me detuve. Había algo que me estaba molestando. ¿Cómo es que ese idiota no me había acompañado a casa? Parecía tener mucho que hablar conmigo, pero entonces, me abandona de la nada- déjalo ya, Sara – repetía mi vocecilla de la cordura. Tomé el libro y me fui a sentar, no importaba, realmente ese extraño no importaba.

El libro era prometedor y me hundí tanto en la lectura que no supe decir cuándo el sujeto de buzo y pelo largo había llegado a sentarse a mi lado. ¿Sería novato y se habría perdido de sector? No tenía la pinta del novato. No tenía por qué prejuzgarlo, pero él me pareció extraño, no me miraba directamente, pero sentía que debía estar alerta con él. Era estúpido, el chico sólo leía –Sal de ahí Sara – la vocecilla nuevamente.  No era una cobarde, decidí quedarme y no molestarlo, de todas formas no me estaba molestando.

¿Han notado el ambiente tenso que se genera cuando se está extremadamente consciente de lo que ocurre a tu alrededor? Bueno, esa era yo justo ahora. No podía concentrarme en el libro, yo sólo pensaba en el chico leyendo a mi lado. Quizá debí haberme ido.   

- Eso es cierto, quizá debiste hacerlo – respondió el chico y sin que alcanzara a reaccionar me había tomado por el cuello y arrastrado a la pared.

No podía respirar. Mierda. Mierda. No tocaba el piso con los pies y si apretaba un poco más fuerte rompería mi cuello ¿Cómo había pasado esto? ¿Por qué demonios no confié en mi instinto? Tomé su mano intentando librarme de su agarre, pero era firme como una roca.

- mmm…. Eres tan… apetecible humana – dijo acercándose hasta tocar mis mejillas. En ese momento pude verlo de cerca y temí. Su cara era extremadamente blanca, con grandes círculos negros alrededor de sus ojos y labios azulados, él sonreía, era una gran sonrisa. A mí me pareció aterradora, demoniaca.- No te preocupes, no voy a matarte, sólo quiero que él aparezca- dicho aquello, me soltó y caí al piso violentamente, tomando grandes bocanadas de aire y tosiendo ruidosamente.

- Por favor… - ¿Qué pensaba pedirle? No entendía nada de todas formas, no sabía qué quiso decir con su última frase pero ahora sí tenía miedo. Tenía mucho miedo.

Cuando fui capaz de mirarle nuevamente, el sujeto se acercó y comenzó a palmotear y acariciar mi cabeza - Tranquila, Sara, él llegara y entonces todo irá bien para ti. – dijo y sonrió. Tomó una de mis manos y miró mi palma – pero bueno… quizá no le intereses tanto como yo pensaba… en ese caso, quizá… - y mientras lo decía hundió su uña en mi palma hasta que comenzó a brotar sangre, ni siquiera me quejé, no podía pensar en otra cosa que no fuese escapar.

Entonces miré a mi alrededor, no vi a nadie cerca, parecía que de pronto, todos se habían ido y sólo estábamos nosotros. Noté como todo parecía mucho más oscuro, la noche había caído de pronto. Intenté buscar mi bolso, aún estaba en la mesa, si quería alcanzar mi celular tendría que correr. Quizá si podía distraerlo por 2 segundos podría llamar a Becca.

Mi cabeza funcionaba a la velocidad de la luz, con un par de miradas ya había logrado establecer una estrategia.

El sujeto lentamente corrió una silla y la acomodó a mi lado - No funcionará Sara, mira para empezar… - no alcanzó a terminar la frase cuando su mirada se fijó en uno de los pasillos, había visto algo.

- Mira a quién tenemos aquí… el pequeño Gabriel al fin ah llegado ¿Cómo te ha tratado la vida? – su tono era tan casual que pensé que se trataba de un segundo sujeto. No me atreví a mirar, simplemente agaché mi cabeza. Mi estomago dio vueltas. Un segundo sujeto era mi derrota, era imposible que luchara contra dos de ellos. 

- Déjala… - la voz se escuchó molesta y… familiar - ¿Desde cuándo los asuntos de los mortales son tu problema? – no cabía duda, yo conocía esa voz, alcé un poco la cabeza y pude verlo. Era él.

Gabriel era… “él”. El sujeto de anoche, era el que estábamos esperando. Se paró a poco más de 3 metros de nosotros, vestido con un traje completamente negro, similar al que tenía la primera vez que lo vi, solo que esta vez su corbata era roja y su pelo iba mucho mejor peinado. Tenía las manos en los bolsillos y me miraba. Su mirada era tensa.

- Son mi problema desde que son tu problema querido amigo – el sujeto se paró de la silla y caminó hacia Gabriel – ah!, no me mires con esa cara, no me vas a decir que esa criatura no es tu problema cuando acabas de llegar corriendo a rescatarla – ahí estaba de nuevo su sonrisa irónica.

No entendía nada de lo que pasaba ¿Lo entenderían ustedes? El sujeto del buzo esperaba que Gabriel apareciera, y  Gabriel resultó ser el sujeto misterioso que perseguí, me salvo y posteriormente me abandonó anoche. Por la cara de Gabriel ya no pensaba que fueran colegas, él estaba molesto, realmente molesto. ¿De verdad venía a rescatarme? ¿Pero cómo demonios supo que estaba acá?... ¿Cómo demonios lo supo?

- Sara, vete – fue lo único que salió de su boca.

No lo dudé, ni siquiera lo pensé. Él tenía razón. Tenía que irme. Intenté pararme, mis piernas no respondían antes pero ahora tendrían que hacerlo. Hice el menor ruido posible, quería salir de allí, no importaba qué, solo salir de ese lugar.

En un impulso casi reflejo comencé a correr, corrí porque mi vida dependía de ello. No miré atrás, pero escuché la risa ensordecedora del sujeto del buzo, hacía eco en mis oídos, pero se alejaba, su risa se alejaba y llegué a pensar que me encontraría a salvo.

Cuando atravesé la puerta de salida respiré nuevamente. No sabía qué hora sería pero era de noche, la luna estaba en lo más alto del cielo. Comencé a correr escalera abajo, corrí hacia la parada de autobús. Sólo al llegar allí recordé que no tenía nada, mi bolso aún seguía en la biblioteca. Aún así me senté en la banca y esperé que llegara algún auto, tendría que rogar que me permitiera subir, pero me dejarían, tenía que dejarme. Necesitaba irme a casa.

- No llores, no llores, no llores. – me repetí una y otra vez, no serviría de nada que lo hiciera. Intenté mirar a mí alrededor en busca de más personas, pero nada. ¿Cómo es que no había nadie?

Esperé lo que pareció la espera más larga de la vida a que llegara el autobús. Podía ver como se acercaba, ya casi estaba a mi lado. – ¡Sara! – escuché de pronto. Mi corazón volvió a latir con fuerza. Llega rápido, Dios, sólo para y abre tus puertas. - ¡Sara! – volví a escuchar, esta vez más cerca. Me atreví a mirar, si debía correr, lo haría, si debía gritar, lo haría.

Era Gabriel.

- Tú… - logré articular cuando se encontró a mi lado.

- Ven conmigo, tenemos que hablar y luego te llevaré a casa – dijo simplemente. El autobús había llegado.


Miré como las puertas se abrían y al chofer dentro esperando que subiera. Era mi oportunidad de volver a casa y finalmente saldría de esta pesadilla. Mi corazón aún latía con fuerza, con miedo. ¿Podría continuar sin saber lo que había ocurrido esta noche?, ¿Me encontraría realmente a salvo?