domingo, octubre 2

Concurso The Picture Keys: La Ultima Jugada



Sección: Concurso
Tema: Relato Original - llaves o fotos.
PanquequeLife es: La última juagada
( Chicas, les recomiendo leer primero la entrada anterior)



La Última Jugada

I. LAS CIRCUNSTANCIAS DE ÉL

- Nombre de la paciente
- Lilian Mazzei doctor.
- ¿Cuándo fue ingresada?
- Hace una semana. Llegó por voluntad propia y desde ese entonces que está en la habitación de seguridad.
Me detuve un momento a reflexionar… ¿Voluntad propia? Hace mucho que no escuchaba esa palabra.
- Bien, entonces necesita el chequeo ¿No?
- Sí doctor. Ella pidió hablar expresamente con usted para luego ser ingresada como residente.
-¿Y de cuando los pacientes se auto-diagnostican en este hospital? - (¿pidió hablar conmigo?)
- Perdone doctor, era sólo una acotación.
- Bien, no se preocupe, gracias Bety.
- Hasta luego doctor.
Entré en la sala donde me esperaba la mujer, no tenía más de veintisiete o veintiocho años, test blanca, contextura delgada, pelo castaño y cara de diazepam de por lo menos dos meses. Se me vino a la mente el dibujo de mi mujer, nunca podía recordar bien su rostro (¿Qué extraño no, el rostro de mi propia esposa?), seguí observando a la mujer y pude ver que junto a ella había una pequeña caja de metal que parecía de gran importancia por la forma en que la acomodaba entre sus piernas.
Me acerqué y la saludé lo menos formal que pude para así conseguir un trabajo más expedito: más confianza, más charla, más fácil saber si estaba desequilibrada. Su rostro me parecía conocido, estaba seguro que la había visto en algún lugar, pero la laguna mental y el papeleo que me tocaba después de esta consulta me hicieron pasar por alto el detalle.
-Bien Sra. Mazzei, tome asiento. – dije en un tono cordial muy poco común en mi.
- Soy Lilian, Daniel, ¿Recuerdas?, vine a verte – su voz era más delicada de lo esperado.
- ¿Disculpe? – Por un momento me perturbó su tono de voz, pero de inmediato volví a mi papel de siquiatra - Sra. Mazzei, supongo que sabe mi nombre por las enfermeras pero entienda que yo soy su doctor, el Doctor Williams para Uds., ¿entendido?- mientras le aclaraba el asunto su cara había tomado un semblante triste.
- Daniel…
- Bien Sra. Mazzei pasando a otro tema, me acaba de informar la enfermera, que usted, por iniciativa propia, se internó en el hospital ¿es esto correcto?
- Sí, vine a buscarte, para que hablemos. – su seguridad para hablarme no eran propios de un personas con problemas emocionales graves por lo que taché unas cuantas opciones en mi cuaderno.
- Sra. Mazzei – dije mirándola a la cara - ¿Nos conocemos de antes? Siento que hay un problema de comunicación entre nosotros, soy su doctor ¿estamos de acuerdo?
- Sí, disculpe – esta vez su cara expresaba aún más dolor, pero se contuvo y cambió el tono de voz - vine para que me atendiera, lamento molestarlo.
- No se preocupe, me alegra que nos entendamos – al fin podría seguir, quien diría que “voluntariamente” podría resultar inútil dentro de un siquiátrico – dígame Sra. ¿Por qué cree que debe estar aquí, entre esquizofrénicos, lunáticos, pirómanos y desequilibrados mentales? – muy mal comentario, a veces no lograba apuntarle al lado médico y objetivo del asunto, pero era la mejor manera de saber si estaba sana.
- Que sincero doctor – dijo como escudriñando a través de mis ojos - Entiendo que parezca extraño pero la verdad necesito que escuche mi historia primero.
- Bien, entonces cuénteme que para eso vine a verla.
- Yo estoy aquí porque… porque no pude soportar la muerte de mi hija. – Sus palabras eran lentas, algo torpes – Ella… murió hace tres años… de… leucemia.- las lágrimas de la mujer estaban allí pero ninguna se decidía a caer.
- ¿Y qué clases de problemas le ha traído esto? – quise apoyarla acariciando su espalda, su dolor me parecía familiar, pero en esta profesión el cariño estaba prohibido.
- Muchos doctor, demasiados. Intenté superarlo, realmente lo intenté, fui a guías espirituales y grupos de ayuda pero nadie pudo encontrar solución a mi culpa…ni siquiera mi pareja. – me miró como queriendo decir algo entre líneas, pero no se me ocurrió qué podía ser - Ahora estoy sumergida en un mundo de fantasía, un mundo que no existe y todo por no aceptar esta situación – su pena me pareció valida, la comprendía de cierta forma, mi hija también había muerto.
- Señora es muy válido todo lo que me dice, el asunto es que si usted sabe todo esto entonces en realidad no es un problema siquiátrico el que usted padece, sino más bien sicológico.
- No!, escúcheme por favor, mi hija murió, todos estamos sufriendo por ello no tan sólo yo, debo abrir los ojos!
La situación claramente era extraña, ya entendía por qué la pobre mujer estaba aquí, saber qué hacer y no hacerlo, debía ser el Karma para ella.
- Bien señora, creo que lo mejor será que la derive con un sicólogo…
- ¡NO!, - y junto con esto la mujer corrió hasta la puerta y la cerró de un golpe, claramente este día no iba a ser de los mejores.

II. LAS CIRCUNSTANCIAS DE ELLA.

Lo último que recuerdo antes que mi marido enfermara fueron sus palabras al salir por la puerta , fue duro para él que nuestra hija muriera, y aún más seguir viviendo después que ella ya no estaba. Todos los síntomas que le describí al doctor eran los de mi esposo, sin embargo él sería incapaz de entenderlo, simplemente no podía.
El día que tuve que internarlo entendí el apoyo que había sido para mí todos estos años, y desde entonces he dedicado mi vida a tratar de curarlo. Pero no es fácil sacar a una persona de la burbuja que ha creado para protegerse de la realidad, y en el caso de mi marido era algo aún peor, pues él ya había mezclado su pasado, transformándolo a su conveniencia.
¿Qué me quedaba entonces? Pues luego de tantos años de tratamiento poco era lo que podía hacer, y mi última alternativa era la carta que dejaría hasta el final, la carta que guardaría para realizar mi última jugada. Ya no había otra oportunidad, él mismo tenía que abrir los ojos, eso dijeron mis colegas, y tenían razón, si esto no funcionaba tendría que rendirme para siempre.
Ahora la desesperación me había superado y puse en una situación incómoda al doctor, no era mi intención gritarle, pero creo finalmente sabía que terminaría así.

III. RECUERDOS

La mujer y el doctor seguían allí sentados, ninguno se atrevía a romper la tensión del momento ¿Qué podía hacer el doctor ante una reacción tan explosiva de su paciente? ¿Cuánto podría haber soportado la paciente si el doctor no la entendía?
Ninguno conocía bien la situación del otro, pero tampoco estaban para esperar que la eternidad dentro de esa habitación se los contase y pronto el hilo que sostenía toda la situación se rompió:
- ¿Está todo bien adentro? – comenzó a gritar Bety desde fuera de la habitación.
- Si – respondieron ambos a la vez, la mujer para no ser molestada, él todavía no sabía el por qué.
- Sra. Mazzei cálmese, no quise ser grosero – dijo el doctor dirigiéndose a la mujer y conservando la relación médico-paciente.
- Sí, me calmaré, pero tienes que ver lo que te traje primero – y señaló la caja negra que traía con ella. – nuevamente el hablar de ella contrapesaba el de él.
- Bien, la veré, pero tranquila, siéntese – el doctor tuvo la intención de corregir el “te” por un “le” pero prefirió guardar silencio, tomó la caja y la observó con detención - ¿Quiere que la abra?
- Si, por favor – respondió ella bastante más tranquila.
El doctor la observó detenidamente, era de 20x15 cm., negra, de metal y cerrada con llave, intentó moverla pero algo le decía que debía tratarla con amor y respeto. Miró a la paciente pero ella no tenía intención de moverse del lugar donde se encontraba.
- ¿Me dará la llave? – dijo algo nervioso, se sentía extraño, algo había cambiado desde el momento que tomó la pequeña caja.
- No puedo dártela.
- Creía que quería que la abriera – su nerviosismo ahora era evidente, se sentía mareado y la cortesía para con la paciente se hacía menor a cada segundo.
- Así es – dijo ella muy segura – pero no es necesario que te la de yo, tu eres el dueño de esa caja, tú tienes la llave que la abre.
- Sra. Mazzei ahora creo que tenía razón con respecto a su enfermedad, esta caja la trajo usted – al decir estas palabras algo comenzó a pesar en el cuello del doctor.
Intentó no prestarle atención pero la sensación de ardor que le producía en su cuello era enorme y terminó por mirarse. Ya la había encontrado, la llave estaba en su cuello, la llevó con ´él todo este tiempo, tal y como dijo la paciente.
- ¿Qué significa esto? – la voz del doctor era ya de pánico pero la mujer seguía en la misma posición, expectante ante los hechos que acababa de presenciar.
- Abra la caja doctor – se limitó a decir la mujer.
El doctor obedeció. Desde un comienzo sabía que este día era especial, que la mujer no era sólo una paciente, que ya no había escapatoria para él, pero como se sabía un gran doctor, no dio crédito a sus presentimientos.
Al momento de abrir la caja sintió miedo, demoró varios minutos en girar la llave y aún muchos más en decidirse a abrir la tapa. Mientras tiraba la caja con delicadeza, miles de imágenes sin sentido pasaban por su cabeza, una niña, una mujer, su esposa sin rostro, él mismo. Cuando al fin se abrió la tapa todo fue más irreal aún, cartas, flores, recortes y miles de fotos eran el contenido de la caja negra.
- ¿Qué es esto? – los ojos desorbitados del doctor buscaban en la mujer una respuesta.
- Daniel…míralas – esta vez la mujer se acercó al doctor y se sentó al lado de él para así acompañarlo.
Comenzó por sacar las cartas de encima, los recuerdos, la gran cantidad de pétalos de flores y por último un pequeño álbum de fotos de la familia Williams… Mazzei. Lo abrió con cuidado, dentro se encontraban él, y ella.
- Daniel…-comenzó diciendo la mujer – esa es nuestra familia ¿Lo recuerdas?, falta Lili, pero ella ya no está aquí entre nosotros, se fue a un lugar mejor – las lágrimas brotaban por sus ojos asiéndole difícil hablar.
El doctor no reaccionó de inmediato, la conmoción era demasiada para alguien sano como él, ¿Cómo podía venir a decirle que eran una familia?, su rabia se transformó en pena y el llanto también terminó siendo su vía de escape.
- ¡NO!- grito el doctor- usted está loca señora, tiene que irse – mientras lo decía comenzó a golpear la puerta de salida
- Daniel, por favor escúchame, tienes que recordar por favor…- sus lagrimas eran cada vez más dolorosas.
-Señora tiene que irse – y se acercó para tomarla del brazo - ¡lárguese!, yo soy un doctor prestigioso, tengo una esposa, una hija que murió de…-no pudo seguir, tampoco recordaba de lo que había muerto.
- ¡Daniel yo soy la doctora aquí! ¿Qué no lo ves?, tú has sido mi paciente durante 10 años, ¡dime cómo era tu esposa! ¡Dime como era tu hija! – la presión fue demasiada para la Dra. Mazzei y terminó por revelar sus verdaderas circunstancias antes de tiempo.
- ¡Estás loca!, eres una mujer loca, ¡SAL! Vete de aquí, yo tengo una esposa, y tenía una hija – repetía una y otra vez el paciente y estaba claro que ya lo habían perdido para siempre.
Un grupo de paramédicos entró al escuchar los gritos desde dentro de la pieza, ambos se pararon, pero fue él quien conservó la caja.
- ¡Sáquenla de aquí! ¡No se puede quedar esta mujer en mi hospital! – gritó Daniel al ver llegar al equipo, pero ellos nadie lo miraban a él.
- Pueden llevárselo – se pudo escuchar la orden Dra. envuelta entre las lágrimas – hemos terminado por hoy.
El grupo se abalanzó sobre Daniel que a duras penas entendía lo que estaba pasando, gritó, pateó y maldijo cuanto pudo pero ante la presión finalmente cedió y se dejo dopar.
Mientras se iba miró por última vez las fotos donde se encontraba él, la llave que traía en el cuello, pero nada tenía sentido aún, todo era una gran nebulosa en su cabeza, él tenía una esposa de la que no recordaba su cara, ella tenía veintisiete años, dos menos que él, era de test blanca, contextura delgada, pelo castaño… tenía una hija muerta pero no sabía las circunstancias de su muerte, sabía que aún le dolía el pecho al pensar en ella pero no recordaba su rostro. Entonces, mientras pensaba en todas estas cosas, una de las fotos que estaba en la mesa de la habitación comenzó a elevarse y flotar por a través de esta, salió del lugar y se cruzó voluntariamente por donde se encontraba Daniel; él, al verla pasar, sintió como todo el tiempo se detenía para guardar ese único, mágico y extraordinario momento, el balde de agua fría en su cabeza calló como una amiga mortal y fatal, el infierno, el cielo, la miseria, la alegría, todo comprimido en esta sola y única foto que pasaba por su lado, en ella podía distinguirse claramente su rostro, el de la Dra. Mazzei y…el de su pequeña hija.
La doctora ya se iba. Envuelta en el amargo sabor de otro fracaso, de la última derrota que no esperaba, que no aceptaba, sin embargo sus circunstancias estaban a punto de cambiar.
-¡Lilian!– el grito venía del otro lado del pasillo. - No me dejes aquí. Necesito a mi esposa conmigo en estos momentos.
La doctora giró de inmediato, su corazón en un segundo comenzó a dar saltos de alegría, sus lágrimas que parecían haberse extinguido hace unos instantes atrás volvieron a brotar como si fueran infinitas dentro de su pequeño cuerpo.
-Daniel… ¡Daniel!
La espera de diez años había acabado, finalmente tenía a su esposo de vuelta.

FIN


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LA QUE QUIERA LEER EL RESTO DE RELATOS LES DEJO LOS NOMBRES 

En segundo lugar estAish Cerdas, con el relato "A traves del tiempo"Como premio: Una portada para alguna historia (si no tiene, para el relato que escribió) y dos banners para su blog.



Y en tercer lugar nos encontramos con Ivonne Guevara, y su relato "Tomada por un angel". Como premio: Una portada para alguna historia (si no tiene, para el relato que escribió) y un banner para su blog.


Los nombres de las demás concursantes con sus respectivos relatos aquí se los dejamos, para sacarlos de la curiosidad.

La llave siniestra: DarkRose
Los guardianes del portal: Andrea G
Ido con el viento: Withney Morgan

1 comentario:

  1. Me encantó :) precioso.
    Un besote! y felicidades!!

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Gracias! *.*, justo ahora haz usado tu tiempo en hacer feliz a una persona :D